La vicepresidenta Victoria Villarruel dejó atrás cualquier gesto de sutileza y en los últimos días consolidó un desplazamiento político que ya no admite lecturas ambiguas: con una serie de publicaciones en redes sociales que cuestionan el núcleo del programa económico libertario, la titular del Senado no solo marcó distancia con Javier Milei sino que esbozó los lineamientos de lo que podría ser una eventual candidatura presidencial en 2027. El mensaje, difundido el viernes pasado y profundizado durante el fin de semana, llegó en un contexto particularmente sensible para el oficialismo, atravesado por el cuarto paro general de la CGT, los despidos masivos en la empresa Fate, la represión frente al Congreso durante el debate de la reforma laboral y hasta un atentado con un paquete explosivo que dejó heridos a cuatro efectivos de Gendarmería. En ese clima, la vicepresidenta eligió pronunciarse sobre un tema que toca la médula de la gestión libertaria: la apertura irrestricta de las importaciones.
El detonante inmediato de sus declaraciones fue el fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos que anuló la política arancelaria de Donald Trump, una decisión que dejó sin efecto los principales beneficios que Argentina había negociado en el acuerdo comercial con Washington. Villarruel aprovechó la coyuntura para lanzar un mensaje que en Balcarce 50 interpretaron como una declaración de principios propia y desligada de la línea oficial. “Sin empleo nacional y sin producción nacional no hay políticas reales de gobierno”, escribió en su cuenta de X, y acto seguido advirtió: “Sin industria se pasa a depender hasta en lo más mínimo de China, un país comunista. Para Trump primero está Estados Unidos, para mí primero está la Argentina”. La frase “para mí primero está la Argentina” resonó en los despachos oficiales como la confirmación de que la vicepresidenta ya se piensa a sí misma como una alternativa electoral con identidad diferenciada.
El razonamiento de Villarruel continuó con una crítica explícita al modelo de liberalización comercial que impulsa la Casa Rosada. “La apertura total y libre de las importaciones solo favorece la dependencia de China y profundiza las emergencias económicas y sociales”, sostuvo, para concluir con una definición que trasciende ampliamente su rol institucional: “Tenemos todo para ser una potencia mundial, no debemos conformarnos con ser un país de servicios. En definitiva, estamos hablando de nacionalismo o globalismo”. El contrapunto con el discurso oficial no podría ser más nítido: mientras Milei pregona la eliminación de barreras arancelarias y la inserción irrestricta en los mercados globales, su vicepresidenta reivindica la protección de la industria local y advierte contra los riesgos de la dependencia externa.
La decisión de la Corte de Estados Unidos de anular los aranceles impuestos por Trump a las importaciones, implica un golpe a las políticas de producción y establecimiento de empresas en Estados Unidos.
— Victoria Villarruel (@VickyVillarruel) February 20, 2026
Sin empleo nacional y sin producción nacional no hay políticas reales de… pic.twitter.com/rijHfl3Fgx
La reacción desde el Gobierno no se hizo esperar, aunque adoptó la forma de una fingida indiferencia que en los hechos terminó por profundizar la ruptura. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, fue el encargado de salir al cruce este lunes en declaraciones a Radio Rivadavia, y lo hizo con una contundencia que no dejó espacio para ambigüedades. “Ella tiene la libertad en dos años de tomar el camino que le parezca mejor como cualquier argentino. Claramente ha tomado una postura que no coincide con los intereses nuestros ni de los argentinos. A nosotros nos da lo mismo”, lanzó el funcionario, y acto seguido remarcó: “Es la vicepresidenta de la Nación pero no toma decisiones y no es parte de la gestión”. La frase “no es parte de la gestión” fue repetida en distintos tonos a lo largo de la entrevista, como un intento de vaciar de contenido político la figura de quien, sin embargo, ocupa la segunda magistratura del país y está primera en la línea de sucesión presidencial.
En la Casa Rosada, lejos de preocuparse por el desplazamiento de Villarruel, celebraron lo que consideran un “blanqueo” de su posición. “Buenísimo, blanquea lo que siempre pensó y lo que siempre quiso”, confió a la prensa un integrante de la cúpula libertaria, quien desestimó el potencial de daño electoral de la vicepresidenta al argumentar que “está muerta políticamente” y que “le quedan dos años y se va a la casa”. Ese diagnóstico, sin embargo, contrasta con las encuestas que circulan en el mundo político y que ubican a Villarruel como la única dirigente con capacidad de drenar votos del electorado duro libertario, especialmente entre los sectores vinculados a la familia militar, el nacionalismo católico y un empresariado que mira con preocupación la apertura de importaciones.
La vicepresidenta, por su parte, no se quedó callada ante los ataques que comenzaron a lloverle desde las filas oficialistas y sus satélites digitales. Cuando un usuario de X la amenazó diciéndole “vas a ser la próxima portadora de tobillera, rata”, Villarruel respondió con una frase que muchos interpretaron como un tiro por elevación al círculo presidencial: “No robo. No hago negocios con el Estado. No cometo delitos. Slds”. La respuesta adquirió especial significación en un contexto atravesado por las denuncias sobre desvío de fondos en la Agencia Nacional de Discapacidad y el escándalo en torno a la presunta cripto estafa Libra que también salpica al primer mandatario. En otra interacción, ante la difusión de una noticia falsa que aseguraba que sería candidata a presidenta con un peronista como vice, la titular del Senado corrigió a la inteligencia artificial Grok con ironía: “Te quería avisar que te comiste una fake. Que esté publicado no significa que sea verdad, un saludo”.
El distanciamiento entre ambos socios de fórmula no es novedad, pero en las últimas semanas adquirió una densidad política que ya no admite retorno. Milei expresó en más de una ocasión su desconfianza hacia el desempeño de su compañera al frente de la Cámara alta y la acusó de operar a favor del peronismo, en alusión a su vínculo con el jefe del bloque justicialista en el Senado, José Mayans. Esa tensión llevó al Ejecutivo a enviar a Patricia Bullrich como virtual interventora del recinto para ordenar a la tropa propia, una movida que Villarruel leyó como una invasión de sus atribuciones. La guerra fría se recrudeció la semana pasada, cuando la vicepresidenta viajó a La Rioja para participar de la Fiesta de la Chaya y se reunió con el gobernador Ricardo Quintela, uno de los mandatarios peronistas más críticos del Presidente. En esa ocasión, Villarruel desmintió haber anticipado una candidatura presidencial, pero en Balcarce 50 hicieron otro cálculo.
El miércoles previo a sus polémicas declaraciones, mientras se encontraba a cargo del Poder Ejecutivo por el viaje de Milei a Estados Unidos, Villarruel asistió a la Catedral Metropolitana para participar de la misa por el Miércoles de Ceniza y escuchar al arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, quien suele mantener posturas críticas hacia el Gobierno nacional. En sus redes sociales, la vicepresidenta se mostró atenta al mensaje del prelado, en una nueva señal de sintonía con sectores que no comulgan con las políticas de la Casa Rosada. Durante esos días en que quedó al frente del Ejecutivo, el país atravesaba el conflicto por el cierre de Fate con más de novecientos despidos y la previa del paro general contra la reforma laboral, pero Villarruel no realizó declaraciones públicas sobre esos temas. Hasta el viernes, cuando decidió romper el silencio con un mensaje que trascendía largamente la coyuntura para instalar su propia visión de país.
Mientras la vicepresidenta consolida su propio camino, en el Gobierno ya comenzaron a sonar nombres para ocupar su lugar en la próxima fórmula presidencial. La senadora Patricia Bullrich aparece como una de las candidatas naturales, luego de haber dejado el Ministerio de Seguridad para encabezar el bloque oficialista en la Cámara alta y funcionar como contrapeso a la figura de Villarruel. Consultada a principios de febrero sobre su futuro, la ex ministra respondió con ambigüedad calculada: “No estoy enfocada en elegir mi próximo cargo, sino en donde crean que voy a poder ser más útil”. El otro nombre que suena con fuerza es el del propio Manuel Adorni, a quien en su círculo íntimo describen como alguien que podría aceptar una candidatura “para quedar en los libros de historia”, aunque admiten que la tarea no le entusiasma particularmente. Quienes conocen al jefe de Gabinete remarcan que todavía debe transitar dos meses en un contexto más favorable que meses atrás, tanto por el escenario legislativo como por el mayor alineamiento interno luego de la salida de Guillermo Francos.
También comenzó a circular el nombre de Daniel Scioli como posible candidato a intendente de General Pueyrredón, aunque cerca del secretario de Turismo y Ambiente desmienten esa versión con énfasis. “Él bromea con eso, porque dice que fue todo a lo largo de su vida, desde vicepresidente para abajo, excepto intendente. Y con Mar del Plata tiene un vínculo muy especial, quiere mucho a ese lugar, pero no es algo que tenga realmente en su cabeza, no es algo real”, explicó a Infobae una persona de su entorno. Además, en ese distrito ya hay dos dirigentes que vienen construyendo sus candidaturas desde hace tiempo: los diputados Juliana Santillán y Alejandro Carrancio, este último con buena relación con Scioli por su paso por el Instituto Nacional de Promoción Turística.
En medio de esta pulseada política, la agenda legislativa no se detiene. Este martes se realizará la sesión preparatoria en el Senado, donde está en duda la continuidad de Bartolomé Abdala como vicepresidente provisional. Su posible reemplazo por Nadia Márquez, una legisladora alineada con Karina Milei, sería un nuevo golpe para Villarruel en su rol de titular de la Cámara alta. El viernes, además, el Senado fue convocado para convertir en ley la reforma laboral, apenas 48 horas antes del discurso que el presidente pronunciará el domingo ante la Asamblea Legislativa para inaugurar el período de sesiones ordinarias. El oficialismo confía en que para entonces ya podrá exhibir la sanción de la ley como un trofeo, aunque el camino parlamentario no estuvo exento de sobresaltos: el proyecto se aprobó en Diputados con 135 votos, apenas seis más que el quórum, y la creación del Fondo de Asistencia Laboral, una de las piezas clave para el ministro de Economía Luis Caputo, se impuso en la votación particular por 130, apenas uno más del mínimo necesario.
El jefe de Gabinete anticipó este lunes que hay “cincuenta proyectos de ley” en estudio para un “año movido” en el Parlamento, entre los cuales la reforma laboral y otras iniciativas prioritarias concentran la atención legislativa. Adorni defendió la reforma como una pieza clave para incentivar la contratación formal en un contexto de alta informalidad, y advirtió que será discutida otra vez esta semana en el Senado antes del inicio de las sesiones ordinarias. La agenda parlamentaria se produce en paralelo al posicionamiento político de Villarruel, que ha marcado distancia con varios aspectos de la política económica del Gobierno. Hasta el momento, no hubo pronunciamientos oficiales que atenúen las diferencias públicas entre el Ejecutivo y la vicepresidenta, aunque en el oficialismo destacan que la discusión se mantiene en el marco institucional y que la agenda legislativa sigue su curso.
Victoria Villarruel hizo campaña con Javier Milei sabiendo exactamente qué modelo proponía: ajuste, reformas profundas y cambio estructural. No hubo engaño. No hubo sorpresa. Fue un contrato electoral claro.
— Fran Casaretto (@Fran_Casaretto_) February 23, 2026
Aceptar la Vicepresidencia en ese contexto implicaba algo básico:…
El mensaje de Villarruel también incluyó un guiño geopolítico que no pasó inadvertido. Al defender la política arancelaria de Trump tras el veto de la Corte Suprema estadounidense, la vicepresidenta se alineó con una visión nacionalista que contrasta con el globalismo que pregona Milei. “Para Trump primero está Estados Unidos, para mí primero está la Argentina”, sentenció, en una frase que muchos leyeron como una reivindicación del proteccionismo industrial en momentos en que sectores productivos locales enfrentan dificultades crecientes. La referencia a China como “un país comunista” del cual no se debe depender, por otra parte, buscó interpelar a un electorado antichino que también forma parte de la base de apoyo libertaria, aunque con matices diferentes.
En las filas oficialistas, la estrategia hacia Villarruel combina el ninguneo público con la preocupación privada por el daño que pueda causar en las urnas. “Entró la balubi”, deslizan en voz baja para dimensionar el impacto que una eventual postulación podría tener sobre el electorado duro. Con el PRO golpeado y virtualmente absorbido por el mileísmo, y más allá del globo de ensayo de Dante Gebel, la vicepresidenta aparece como la única dirigente con volumen para partir o al menos drenar votos del espacio en 2027. Un sector del peronismo conservador la sigue de cerca, también parte del electorado vinculado a la familia militar y sectores del empresariado que la observan como una derecha racional y nacionalista frente a la apertura de importaciones. Por ahora, la vicepresidenta recorre el país con una agenda propia: ya visitó diecinueve provincias, según precisó en La Rioja, mostrando “la cultura del esfuerzo colectivo de familias y grupos emprendedores, así como las tradiciones que pasan de generación en generación”.
El cierre de su mensaje del viernes, con la frase “nacionalismo o globalismo”, condensó en dos palabras la disyuntiva que ella propone y que la coloca en las antípodas de su compañero de fórmula. En la Casa Rosada, mientras tanto, celebran que haya “blanqueado” su posición y confían en que para 2027 ya habrán encontrado al reemplazante adecuado. Pero la historia de las rupturas políticas en la Argentina reciente muestra que ninguna vicepresidenta que decide jugar por su cuenta puede ser subestimada, y menos aún cuando los números del oficialismo en el Congreso son tan ajustados y el clima social, tan tenso.
En la Casa Rosada, la vicepresidenta Victoria Villarruel tiene status de enemigo público. La virulencia hacia ella ya no tiene disimulo y la consideran un germen de rivalidad en 2027. Están muy preocupados porque su imagen es muy buena a nivel nacional
— mavica (@mavica7) February 23, 2026