En una jornada que remeció los cimientos del juicio por la denominada causa Cuadernos, el encargado del edificio donde residió Cristina Fernández de Kirchner en el barrio porteño de Recoleta se retractó este jueves de su testimonio brindado en 2018 durante la instrucción a cargo del fallecido juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli. Julio César Silva, quien trabaja en el inmueble de la esquina de Juncal y Uruguay desde 1989, sostuvo ante el Tribunal Oral Federal 7 que “firmé algo que no era cierto” cuando en aquel entonces afirmó haber visto al exsecretario privado Daniel Muñoz entrar y salir del edificio con bolsos y valijas. “Yo no dije que iba con bolsos y valijas”, declaró el testigo, quien luego añadió: “Cometí un delito y lo acepto, no estaba de acuerdo, firmé algo que no ocurrió”. La presentación del hombre de 68 años generó sorpresa entre las partes procesales, ya que desdijo uno de los relatos que había alimentado la narrativa de la acusación, que sostiene que al departamento presidencial llegaban bolsos con dinero proveniente de presuntos sobornos vinculados a la obra pública.
"Bonadío y Stornelli me decían: 'No te olvides que tenes dos hijas'. No tomé a bien como me lo decían"
— Resistencia Nacional (@ResistenciaNac_) May 21, 2026
Julio César Silva, el encargado del edificio de Cristina Kirchner. APRETABAN a los testigos para que involucren a la expresidenta. Esto es un ESCÁNDALO. pic.twitter.com/KaVOgdE6f5
Silva no solo corrigió su versión anterior sino que también describió un contexto de presiones que, según dijo, rodearon su declaración inicial. Relató que cuando acudió a los tribunales de Comodoro Py en 2018, en plena etapa de recolección de pruebas, los intervinientes le recordaron que “pensara en sus hijas” antes de prestar testimonio. Ante la consulta de si se sintió intimidado, respondió afirmativamente: “Me sentí mal”. Aseguró que en ese momento le insistieron en que debía declarar “todo”, y que esa presión derivó en una declaración que no se ajustaba a lo que efectivamente había observado. Al ser confrontado con el acta de aquella jornada, en la que se lee que entre 2007 y 2010 vio “movimientos de bolsos y valijas con una frecuencia semanal o a veces de quince días”, Silva negó haber dicho eso y afirmó que rubricó el documento sin leerlo y sin estar de acuerdo con su contenido.
Uno de los pasajes más contundentes de su testimonio se refirió al allanamiento ordenado por Bonadio en la vivienda de la entonces vicepresidenta. Silva recordó que durante el operativo escuchó una conversación telefónica entre el comisario a cargo del procedimiento y el magistrado. “Señor Bonadio, el allanamiento se da por terminado, no hay nada”, dijo que informó el jefe policial. Y agregó que del otro lado de la línea escuchó a Bonadio responder a los gritos: “No. Hasta que no encuentren algo se quedan hasta mañana”. El testigo sostuvo que pudo oír con claridad porque el juez “estaba a los gritos”. Este relato generó un cruce entre el juez del tribunal Fernando Canero y algunos abogados defensores, que intentaron precisar cómo había accedido a esa conversación, aunque Silva se mantuvo firme en su versión.
Cuadernos: es un escándalo. Julio Cesar Silva, el encargado del edificio donde vivía Cristina Kirchner en la calle Uruguay se desdijo de su declaración en 2018. Reconoció que mintió cuando dijo haber visto a Muñoz con bolsos. “Firmé algo que no era cierto”. Recordó amenazas
— Vanesa Petrillo (@Vanepetrillo) May 21, 2026
En cuanto a la figura de Daniel Muñoz, el encargado ofreció una descripción que matiza sensiblemente la imagen que había quedado asentada en la instrucción. Señaló que el extinto secretario privado “siempre estaba con un portafolio” y que en alguna ocasión llevaba “un bolsito de mano”, pero rechazó haber observado movimientos compatibles con el traslado habitual de grandes sumas de dinero. Además, precisó que Muñoz tenía llaves del departamento y que ingresaba con frecuencia para retirar la voluminosa correspondencia de vecinos que solicitaban empleo, incluyendo cartas que, según recordó, permitieron que sus propias hijas consiguieran trabajo en dependencias estatales durante aquellos años. La declaración de Silva se produjo luego de que otro testigo, el expolicía Jorge Bacigalupo, admitiera en la misma causa su profundo rechazo al peronismo. “Todo lo que tenga olor a peronismo me cae como la patada de un burro, pero no desde ahora, desde joven”, manifestó Bacigalupo, quien además reveló que se le “presentó una oportunidad en la vida accionar contra esa gente” al entregar los cuadernos del chofer Oscar Centeno al periodista Diego Cabot.
El abogado defensor de la ex presidenta, Carlos Beraldi, había anticipado en declaraciones previas que su objetivo es demostrar que tanto Bonadio como Stornelli actuaron de manera ilegal en la construcción de esta causa. Tras conocerse el testimonio de Silva, esa línea de defensa cobró nueva fuerza, ya que el encargado no solo se desdijo sino que aportó elementos sobre presiones y un allanamiento que, según su relato, continuó hasta que se encontrara algún elemento, pese a los informes iniciales que indicaban un resultado negativo. El juicio, en el que Fernández de Kirchner enfrenta la acusación de ser la jefa de una supuesta asociación ilícita durante los gobiernos kirchneristas entre 2003 y 2015, continuará la semana próxima con nuevas declaraciones testimoniales, en una etapa que las defensas buscan aprovechar para cuestionar la validez de las pruebas recolectadas en la instrucción original.