La visita a Buenos Aires de Barry Bennett, influyente asesor del expresidente Donald Trump, ha operado como un catalizador en la frágil geometría política del gobierno de Javier Milei, delineando con una claridad sin precedentes los condicionamientos externos que pesan sobre la administración libertaria. Actuando como un emisario personal antes que como un funcionario diplomático tradicional, Bennett mantuvo una serie de reuniones reservadas con figuras claves de una oposición considerada “racional” por Washington, entre ellos los diputados Rodrigo De Loredo (UCR), Miguel Ángel Pichetto y Cristian Ritondo. En esos encuentros, según la reconstrucción del periodista Carlos Pagni, el enviado no solo transmitió un explícito “pedido de acompañamiento” para asegurar la gobernabilidad de Milei, sino que también respaldó la figura del asesor presidencial Santiago Caputo, hasta el punto de impulsarlo como futuro jefe de Gabinete. Este movimiento revela una intención de reconfigurar la interna gubernamental según los intereses de la administración Trump, buscando un canal de influencia confiable más allá de los vaivenes de la gestión local.
El alcance de este cabildeo se extendió también a la Cámara de Diputados, donde la misma lógica de contención se aplicó para vaciar de quórum las interpelaciones a funcionarios clave como Karina Milei y Luis “Toto” Caputo. La geometría de poder en el Congreso se vio alterada por estas presiones, generando un cese temporal del fuego parlamentario que otorgó un valioso respiro a la Casa Rosada en un momento de extrema debilidad. Paralelamente, las declaraciones del enviado estadounidense dejaron al descubierto el sustrato económico de esta injerencia. Bennett afirmó que “Es una bendición que la Argentina tenga recursos naturales como el petróleo, el litio y el uranio, que en este momento están bajo tierra”, y señaló que el “problema” es que sin su explotación no se puede “ayudar a la gente a ganar plata”. Esta concepción reduce la relación bilateral a una lógica puramente extractiva, donde el apoyo político está atado al acceso a recursos estratégicos.
El mensaje de Bennett, según confirmó el propio De Loredo, estuvo centrado en la “preocupación por la insustentabilidad política del Gobierno”. Esta advertencia se enmarca en un contexto electoral crítico, marcado por una “clara derrota” del oficialismo en la provincia de Buenos Aires, donde el peronismo superó por más de 13 puntos a La Libertad Avanza . Aquel resultado, que Milei mismo admitió, encendió todas las alarmas sobre la viabilidad del plan económico y la gobernabilidad, precipitando la necesidad de un salvataje político externo . La gestión de Bennett rápidamente mostró su efectividad en el terreno legislativo. Bajo esta presión, los bloques aliados accionaron para frenar iniciativas clave de la oposición, como la sesión que el peronismo pretendía realizar en el Senado para blindar a la empresa estatal de energía nuclear, Nucleoeléctrica Argentina, de un posible proceso de privatización. La resistencia de la UCR y de bancadas afines a los gobernadores de Provincias Unidas impidió que se consiguieran los dos tercios necesarios, abortando efectivamente la sesión.
Esta dinámica de subordinación no es meramente ideológica, sino que responde a una estrategia geopolítica más amplia de Estados Unidos para asegurar su influencia en la región y el acceso a los recursos críticos de Argentina, en clara pugna con competidores como China. Bennett llegó a solicitar a los diputados su apoyo contra los “partidarios de China” dentro incluso de la propia administración Milei. La contracara de este alineamiento incondicional se vive en el plano interno, donde la economía muestra “señales y luces amarillas”, según admitió el propio Pichetto en una entrevista con Infobae, criticando la falta de preparación política del ministro Caputo . El gobierno, que se promocionó como una cruzada contra “la casta”, se encuentra ahora en la paradoja de depender abiertamente de un poder extranjero para su supervivencia, un giro que no pasa desapercibido para un electorado que deberá pronunciarse en las urnas el 26 de octubre en medio de un clima de extrema paridad.