En un contexto marcado por una profunda crisis económica que ha obligado al Banco Central a vender más de mil millones de dólares en tres días para defender el valor del peso, el gobierno de Javier Milei recibió un inédito respaldo del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent. Este anunció que “todas las opciones están sobre la mesa” para estabilizar la economía argentina, incluyendo posibles compras de deuda o un acuerdo de intercambio de monedas, lo que provocó un inmediato repunte en los mercados. Este salvavidas financiero, celebrado públicamente por el Fondo Monetario Internacional y por el propio Milei, busca calmar la tormenta cambiaria y política que enfrenta la administración, tras derrotas electorales clave y un escándalo de corrupción que involucra a la hermana del presidente. Sin embargo, analistas como Gabriel Caamaño advierten que la dinámica de gastar reservas para sostener la moneda “no es sostenible” y que el impacto sobre la actividad económica será muy fuerte.
"Scott Bessent":
— ¿Por qué es tendencia? (@porquetendencia) September 22, 2025
Por los tweets sobre Argentina que publicó el secretario del Tesoro de Estados Unidos pic.twitter.com/StJaUyaCbI
La potencial ayuda del Tesoro estadounidense, un movimiento poco convencional que recuerda al rescate de México en 1994, ocurre en paralelo a una serie de declaraciones de altos funcionarios de Washington que han encendido alarmas sobre una injerencia en los asuntos internos argentinos. La jefa del Comando Sur, Laura Richardson, ha manifestado abiertamente el interés estratégico de su país en los recursos naturales de la región, destacando el litio, el petróleo y el agua dulce. De manera más contundente, el aspirante a embajador Peter Lamelas generó un firme repudio de sectores políticos y sindicales al señalar su intención de “vigilar” las relaciones de las provincias con China y de “asegurarse de que Cristina Fernández de Kirchner reciba la justicia que bien merece”. La Central de Trabajadores de la Argentina (CTA-T) calificó estas expresiones como “propias de un virrey colonial” que violan el principio de no injerencia. Estas declaraciones se producen mientras la Corte Suprema de Justicia argentina ha ordenado que la expresidenta Fernández de Kirchner enfrente un juicio oral por la firma del memorándum con Irán, caso que investigaba el fiscal Alberto Nisman antes de su muerte.
El gobierno nacional, a través de su vocero Manuel Adorni, ha respondido a las críticas argumentando que las declaraciones de Lamelas “no son una intromisión” en la política interna, en una pirueta argumentativa que busca minimizar la gravedad de las afirmaciones . Esta postura gubernamental es vista por sus críticos como una muestra de complacencia frente a lo que denominan una “mentalidad colonialista” . Mientras tanto, el diario Financial Times ha planteado que, sin un giro inmediato que incluya mayor fortaleza política o nuevas fuentes de dólares, el gobierno de Milei podría verse forzado a modificar su régimen cambiario, un movimiento que sería muy perjudicial para su credibilidad y para su desempeño en las próximas elecciones legislativas. Así, la administración Milei navega aguas peligrosas, donde el oxígeno financiero internacional parece llegar atado a condicionamientos que comprometen la soberanía nacional y a un alineamiento político que profundiza la polarización interna.