02 Mar 2026

Milei inauguró las sesiones ordinarias con un discurso cargado de violencia

Insultó al peronismo durante casi 2hs, prometió reformas sin precisiones y expuso las grietas internas de su espacio en el Congreso. El jefe de Estado apeló a calificativos como "asesinos" y "chorros" contra los bloques opositores.
Milei inauguró las sesiones ordinarias con un discurso cargado de violencia

El presidente Javier Milei dio inicio al 144° período de sesiones ordinarias del Congreso con un discurso que duró más de una hora y media, en el que combinó escasos anuncios concretos con una batería incesante de agravios dirigidos a los bloques opositores. La ceremonia, que tradicionalmente funciona como hoja de ruta del Poder Ejecutivo para el año legislativo, se transformó en un escenario de confrontación permanente donde el jefe de Estado apeló a calificativos como “asesinos”, “chorros” y “manga de delincuentes” para referirse al peronismo, mientras la transmisión oficial evitaba mostrar los rostros de sus destinatarios. El líder de La Libertad Avanza aprovechó la ocasión para autocelebrar las conquistas parlamentarias del verano —entre ellas la reforma laboral y la baja de la edad de imputabilidad— pero no ofreció precisiones sobre el grueso de las iniciativas que prometió enviar al Parlamento durante los próximos nueve meses, limitándose a anunciar que cada ministerio preparó paquetes de diez leyes con “reformas estructurales” que serán tratados mes por mes.

El clima de tensión se hizo evidente desde los primeros minutos. Apenas iniciado su mensaje, Milei señaló a los legisladores opositores con el dedo y les dijo: “Ustedes también podrían gritar, porque soy presidente de ustedes aunque no les guste”. Esa chicana inicial dio paso a una catarata de descalificaciones que se prolongó durante toda la alocución. El Presidente trató de “trogloditas” a sus adversarios, llamó “brutos e ignorantes” a los diputados peronistas y se refirió a la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner asegurando que “va a seguir presa” por las causas judiciales en su contra. Tampoco escaparon del fuego presidencial los referentes de la izquierda: a Myriam Bregman la apodó “la Chilindrina trosca” y a Juan Grabois le dedicó un epíteto de mayor calibre al definirlo como “oligarca disfrazado de pordiosero”. El diputado del Frente de Izquierda respondió más tarde a través de sus redes sociales, replicando los dardos del mandatario.

Milei inauguró las sesiones ordinarias con un discurso cargado de violencia

La puesta en escena estuvo signada por una marcada división de aguas dentro del propio oficialismo. Cuando la locutora anunció el ingreso de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien preside la Asamblea en su rol de titular del Senado, ni los legisladores libertarios ni la militancia apostada en las gradas emitieron aplauso alguno. Minutos después, en cambio, la mención del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, desató una salva de aplausos y gritos de aliento. La interna quedó retratada en imágenes cuando las cámaras captaron el momento en que Villarruel se abrió paso entre los funcionarios que esperaban el ingreso presidencial, empujando levemente con el cuerpo a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, en un gesto que no pasó desapercibido para la prensa acreditada. Durante extensos pasajes del discurso, mientras el Presidente elevaba la voz hasta la disfonía, la vicepresidenta permaneció impertérrita, en varios momentos absorta en la pantalla de su teléfono celular.

El público que ocupó los palcos reflejó la nueva composición de fuerzas que gravita en torno al poder. Por primera vez en este tipo de ceremonias, empresarios de peso fueron reemplazados por figuras de la ultraderecha mediática y digital. En uno de los balcones principales se ubicó Daniel Parisini, más conocido como el Gordo Dan, junto al legislador bonaerense Agustín Romo y, más tarde, se sumaron el asesor presidencial Santiago Caputo y el secretario de Justicia, Santiago Amiero. La militancia libertaria, mayoritariamente joven y masculina, copó las gradas superiores y coreó canciones como “Panic Show” de La Renga —convertida en himno partidario— y respondió a cada provocación presidencial con cantos que aludían a la exmandataria con el epíteto de “tobillera” o que interpelaban a los opositores con el grito de “kuka tirapiedra”. Desde el otro lado del recinto, los diputados del peronismo y la izquierda desplegaron carteles con consignas contra el ajuste: “Milei = despidos”, “No al cierre de FATE”, “Sin agua no hay mate” en defensa de la Ley de Glaciares.

En materia de anuncios concretos, el discurso presidencial resultó magro en comparación con la pirotecnia verbal desplegada. Milei ratificó el alineamiento con Estados Unidos al anunciar la próxima ratificación del acuerdo comercial bilateral y ensayó una frase en inglés —“Make Americas great again”— que el embajador Peter Lamelas celebró con aplausos desde su palco. También prometió una reforma del Código Civil y Comercial, modificaciones en el Código Penal para “introducir penas más duras”, la implementación del juicio por jurados a nivel federal, un nuevo código aduanero, cambios en el financiamiento de los partidos políticos y una reforma educativa para los niveles inicial, primario y secundario. Sin embargo, en ningún caso ofreció precisiones sobre el contenido de esas iniciativas ni plazos concretos más allá de la promesa genérica de que se tratarán “mes a mes” a lo largo de nueve meses. El jefe de Estado también mencionó una reforma electoral y anunció que enviará un paquete de leyes para “fortalecer la coordinación entre las Fuerzas de Seguridad e Inteligencia”. Entre los puntos salientes, al referirse al conflicto en la fábrica Fate, preguntó sin mencionar a la empresa: “¿Les parece bien pagar los neumáticos más caros contra la extorsión de tirar 920 trabajadores a la calle?”.

Varias de las afirmaciones del Presidente fueron puestas en cuestión por verificadores especializados. Al sostener que al asumir el gobierno encontró “indicadores sociales peores a los de 2001”, organizaciones como Chequeado calificaron la frase como falsa, recordando que la pobreza en el segundo semestre de 2023 era del 41,7 por ciento mientras que en octubre de 2001 alcanzaba el 45,6 por ciento, con un pico del 65,5 por ciento al año siguiente tras la explosión de la crisis. Algo similar ocurrió con su afirmación de que la pobreza pasó del 57 por ciento heredado a una tasa del 30 por ciento durante su gestión: los especialistas señalaron que el Presidente tomó una simulación de la UCA de enero de 2024 que luego fue corregida a la baja, mientras que los datos oficiales del INDEC marcaban una pobreza del 44,8 por ciento en el cuarto trimestre de 2023 y un pico del 54,8 por ciento en el primer trimestre de 2024, ya bajo su mandato. También generó controversia su anuncio sobre la reducción de homicidios en Rosario, que atribuyó al Plan Bandera: la caída real fue del 56 por ciento, por debajo del 65 por ciento mencionado por Milei.

Milei inauguró las sesiones ordinarias con un discurso cargado de violencia

La reacción de la oposición durante el discurso fue dispar y segmentada. El jefe de la bancada peronista en Diputados, Germán Martínez, se acercó hasta las autoridades de la Cámara para reclamar a Martín Menem por el tono presidencial, pero no obtuvo respuesta. Los diputados de Unión por la Patria que asistieron —entre ellos Eduardo Valdés, Gustavo Bordet, Victoria Tolosa Paz y Juan Grabois— respondieron a las agresiones con gestos y carteles, mientras que el núcleo duro de La Cámpora decidió ausentarse en su casi totalidad, con la sola excepción de Horacio Pietragalla Corti, Florencia Carigliano y Fernando Díaz. Las senadoras Alejandra Vigo y Julieta Carroza, de bloques provinciales, se retiraron del recinto cuando el Presidente comenzó a señalar a Cristina Kirchner. Más elocuente aún resultó la actitud de los gobernadores presentes —Martín Llaryora, Maximiliano Pullaro, Rogelio Frigerio, Alfredo Cornejo, Claudio Poggi, Leandro Zdero y Elías Suárez, entre otros— quienes siguieron la mayor parte del discurso con gestos adustos, sin sumarse a los aplausos del oficialismo. Al término de la ceremonia, cuando los periodistas le preguntaron a Pullaro su opinión sobre las palabras presidenciales, el mandatario santafesino sonrió y juntó los cinco dedos de una mano en señal de “montoncito”, un gesto que los presentes interpretaron como una forma de eludir cualquier pronunciamiento.

Los bloques del centro, mientras tanto, optaron por un perfil bajo. Los diputados de Encuentro Federal, Miguel Ángel Pichetto y Nicolás Massot, permanecieron en sus bancas sin manifestarse, mientras que el radicalismo y otros espacios dialoguistas evitaron confrontar pero tampoco acompañaron las expresiones más duras del jefe de Estado. Los únicos aplausos genuinos durante la alocución provinieron del sector más duro del oficialismo: los ministros Luis Caputo, Sandra Pettovello y Patricia Bullrich fueron mencionados con elogios, mientras que el ministro del Interior Diego Santilli —pese a ser artífice de la negociación con los gobernadores para los últimos paquetes legislativos— no recibió ni una sola palabra de reconocimiento.

Los periodistas acreditados para cubrir la Asamblea volvieron a quedar excluidos del palco de prensa, una restricción que se repite desde la primera apertura de sesiones de la gestión libertaria. Algunos cronistas recurrieron a publicar información en redes sociales bajo el hashtag #AsambleaLadoB para dar cuenta de lo que ocurría en los pasillos y los palcos, mientras la transmisión oficial se ocupaba de encuadrar únicamente a los funcionarios y militantes que ovacionaban cada párrafo del discurso. La decisión de no mostrar a los legisladores opositores cuando eran agredidos desde el estrado presidencial no hizo más que profundizar la sensación, extendida en varios bloques, de que el jefe de Estado utilizó una vez más la liturgia parlamentaria como escenario de su show personal, postergando cualquier debate sustantivo sobre las reformas que promete impulsar.