El ex presidente Mauricio Macri ha intensificado en las últimas semanas una discreta pero sostenida ofensiva política que reabre interrogantes sobre su posible regreso a la primera línea electoral de cara a 2027, en un contexto de creciente tensión con el gobierno de Javier Milei y de renovados guiños desde el poder económico. Su agenda, que combina actos partidarios, recorridas por el interior y encuentros reservados con referentes del empresariado local, es leída en su propio entorno como parte de un “operativo clamor” que busca reposicionarlo como una alternativa racional frente a lo que consideran los excesos de la gestión libertaria. Según pudo reconstruirse a partir de diversas fuentes periodísticas, Macri mantuvo una reunión hace dos semanas en la casa del CEO de Grupo Techint, Paolo Rocca, a quien el Presidente había calificado públicamente como “Don Chatarrín de los Tubitos Caros” tras la pérdida de una licitación millonaria para la construcción de un gasoducto. En aquel encuentro, del que también participaron el diputado Fernando De Andreis y el legislador Darío Nieto, el empresario manifestó su preocupación por la importación masiva de productos chinos y planteó de manera directa al ex mandatario si evalúa volver a competir. La respuesta de Macri fue ambivalente: reiteró que preferiría no jugar, pero evitó descartar esa posibilidad, un mensaje que sus colaboradores más cercanos replican con la fórmula de que el PRO es “el próximo paso”. La cena, de menú sencillo –pollo con puré–, sirvió sin embargo para que el líder del partido amarillo hiciera saber que el llamado “círculo rojo” lo envalentona para candidatearse justo en el peor momento de imagen del oficialismo.
Paralelamente, el ex presidente retomó una agenda pública que incluye actos en provincias como Chaco y Corrientes, donde se reunió con los gobernadores radicales Leandro Zdero y Juan Pablo Valdés, y el relanzamiento del PRO en Parque Norte, todo ello mientras desde su entorno aseguran que reciben mensajes de empresarios que les reconocen haber sido “demasiado duros” con su gobierno. Sin embargo, no todo es uniforme en la tropa amarilla: mientras dirigentes como Cristian Ritondo impulsan una alianza electoral con La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires para competir por la gobernación –y ponderan a Diego Santilli como el candidato natural–, en la cúpula del oficialismo la relación con Macri está dada por rota. De acuerdo con lo publicado por distintos medios, en la Casa Rosada descartan toda posibilidad de confluir en una coalición y sostienen que el ex presidente “nunca supo cuál es su lugar en el mundo”, al punto de asegurar que el vínculo entre Javier Milei y el líder del PRO “no tiene retorno” desde la salida de Guillermo Francos de la jefatura de gabinete en noviembre de 2025. En las mediciones que maneja el oficialismo, Macri obtendría apenas un 4 por ciento de intención de voto como candidato presidencial, mientras que el PRO oscilaría entre el 5 y el 7 por ciento. No obstante, en Balcarce 400 admiten que cualquier fragmentación del voto de centroderecha complica la posibilidad de alcanzar el 40 por ciento necesario para evitar un balotaje. La interna del gobierno, que enfrenta al sector de Karina Milei con el del asesor Santiago Caputo, encuentra un inusual punto de acuerdo en el desprecio compartido hacia el ex presidente, a quien acusan de haber ofendido a la hermana del mandatario y de querer “explicarle cómo gobernar” a quien considera un fracasado. Mientras tanto, Macri continúa con su plan de armado territorial: después de un viaje de 18 días por Europa, tiene previsto regresar a mediados de mayo para encabezar actividades en Santiago del Estero y cerrar el mes en Mendoza. La frase que repite en sus recorridas –”la lealtad es al cambio que se prometió”– funciona como un recordatorio de que su espacio está dispuesto a señalar lo que considera desvíos del rumbo, aunque sin romper del todo con el horizonte de ajuste. La pregunta por el 2027, que ya le hizo Rocca en su casa de Martínez, sigue abierta. Y la ambigüedad del ex presidente, alimentada por los guiños del poder económico y la fragilidad política del oficialismo, se ha convertido en el principal activo de un operativo que ni siquiera sus propios socios radicales terminan de descifrar.