La frágil alianza que sostuvo a Javier Milei en la provincia de Buenos Aires exhibió sus primeras y profundas grietas tras la aprobación legislativa de un polémico esquema de financiamiento para la administración de Axel Kicillof. En una sesión que se extendió hasta la madrugada, la Legislatura bonaerense autorizó un endeudamiento por 3.685 millones de dólares, una medida que el gobierno provincial consideró vital para su funcionamiento ante la restricción de fondos desde la Nación. Este episodio, sin embargo, trascendió la mera aprobación de una ley para convertirse en el detonante de un agrio enfrentamiento público entre La Libertad Avanza y el PRO, socios electorales a nivel nacional.
El descontento en el espacio libertario estalló de inmediato a través de Sebastián Pareja, su principal referente provincial, quien lanzó una andanada de críticas contra sus aliados macristas. En un mensaje publicado en la red social X, Pareja denunció lo que calificó como “otro pacto inescrupuloso, obsceno y explícito entre el gobernador y los mismos de siempre”. Aunque sin nombrarlos directamente, su objetivo era claro: el bloque del PRO, que con sus votos, ausencias estratégicas o disidencias calculadas había facilitado la sanción de la normativa. “Que se hagan cargo de su naturaleza. Dios y la Patria los juzgará”, sentenció, según la publicación replicada por varios medios.
Según pudo reconstruirse, la negociación para asegurar los votos necesarios incluyó una ampliación en la estructura del Banco Provincia, donde se crearon nuevas bancas en el directorio. En esos puestos se ubicaron figuras ligadas a pesos pesados del PRO bonaerense: Matías Ranzini, asociado al diputado nacional Cristian Ritondo, y Adrián Urreli, cercano al intendente de Lanús, Néstor Grindetti. Además, Agustín Forchieri, operador del ministro del Interior, Diego Santilli, asumió como vicepresidente segundo del directorio, superando en la jerarquía a Juan Osaba, un hombre de la órbita de Pareja. Desde el espacio amarillo defendieron estas designaciones argumentando, en un comunicado, que su espacio “ocupó los lugares correspondientes a la oposición” y que no se agregó ningún cargo nuevo.
La respuesta del PRO al ataque de Pareja fue mesurada en las formas pero firme en el fondo. En sus argumentos, esbozados en declaraciones a TN, señalaron que negar la herramienta del financiamiento “hubiera sido irresponsable con el futuro de los bonaerenses”, aclarando que solo acompañaron la parte correspondiente al “rollover” o renegociación de deuda preexistente, y no la nueva toma de crédito. Con cierta ironía, desde el macrismo cuestionaron la indignación libertaria recordando que “no nos hizo problema cuando le votamos el endeudamiento a Caputo, que era mucho más plata”. Incluso, en un giro que agudizó la interna, fuentes del PRO aseguraron que el oficialismo kirchnerista alcanzó la mayoría especial de dos tercios necesaria gracias a la ausencia de Ramón “Nene” Vera, un legislador de confianza del propio Pareja, quien se habría retirado de la sesión.
El episodio dejó al descubierto no solo un roce coyuntural por una ley, sino una pugna de poder subyacente en el territorio más complejo del país. Mientras La Libertad Avanza, desde una retórica de ruptura con “la casta”, acusaba a sus socios de practicar “la vieja política”, el PRO buscó marcar su autonomía y su capacidad de negociación por separado. Este enfrentamiento en la provincia se da en paralelo a un reacomodamiento en el Congreso nacional, donde el PRO decidió no conformar un interbloque oficialista, optando por mantener un bloque independiente. “A partir de ahora tendrán que dialogar más para conseguir [los votos]”, señaló un referente del partido fundado por Mauricio Macri, en alusión a La Libertad Avanza.
La fractura, por ahora, parece contenerse en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, con ambos espacios afirmando que mantendrán el apoyo al Gobierno nacional en proyectos clave. No obstante, el intercambio de acusaciones y la disputa por cargos en una entidad clave como el Banco Provincia delinean un nuevo escenario, donde la alianza que llevó a Milei a la presidencia muestra sus límites cuando se trata de repartir poder territorial y de negociar, en los hechos, con un gobierno peronista.
La Legislatura de la Provincia de Buenos Aires está siendo el escenario, una vez más, de lo que significan las prácticas de la vieja política: otro pacto inescrupuloso, obsceno y explícito entre el gobernador y los mismos de siempre. Esos mismos de siempre con tal de negociar…
— Sebastián Pareja (@SPareja_) December 4, 2025