El fallo de la justicia de Estados Unidos que le ahorró al país más de 16.000 millones de dólares por el caso YPF llegó en el momento justo para que un sector del oficialismo levantara la cabeza. Santiago Caputo, el asesor estrella de Javier Milei, salió rápido a mostrar el triunfo como propio y a regalonear a su gente. En sus redes soltó un “Imperium sine fine” junto a una foto del Presidente en la Casa Rosada, un mensaje que muchos leyeron como una declaración de intenciones: acá no se mueve nadie, al menos por ahora. La movida buscó blindar a María Ibarzábal, la secretaria Legal y Técnica que responde a Caputo y que tenía los días contados si Karina Milei lograba avanzar un poco más.
Porque la interna, lejos de calmarse, está más caliente que nunca. La misma Karina, según cuentan en el Gobierno, quiso borrar a Ibarzábal del video que armó el equipo libertario para festejar el fallo. Pero al final Caputo consiguió que la mencionaran en el comunicado oficial, una pequeña batalla ganada en medio de una guerra que viene de atrás. La llegada de Juan Bautista Mahiques al Ministerio de Justicia, impulsada por la hermana del Presidente y los primos Menem, había sido un golpe duro para el asesor, que vio cómo perdía terreno en un área clave. Esa jugada también movió el avispero en la Corte Suprema: mientras Horacio Rosatti se mostró cómodo con el nuevo vínculo, sus colegas Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti empezaron a marcar diferencias y hasta presentaron una acordada para cambiar los concursos de jueces sin la firma del presidente del tribunal.
En medio de ese tira y afloje, la figura de Manuel Adorni se volvió un problema cada vez más difícil de esconder. El jefe de Gabinete está en la cornisa. La causa por el vuelo a Punta del Este que hizo con su familia y un contratista del Estado no para de sumar capítulos, y en el Gobierno crece el temor de que una declaración suya en plena campaña electoral complique todo. Por si fuera poco, en su declaración jurada como candidato a legislador omitió la casa del country que compró su esposa meses antes, un detalle que ya empezó a hacer ruido. Hay sectores dentro del oficialismo que ya dan por hecho que su salida es cuestión de semanas. Lo curioso es que algunos prefieren que siga: nadie quiere que la jefatura de Gabinete termine ocupada por un Menem.
En paralelo, Caputo se las ingenió para mostrar que todavía tiene peso. Mientras Karina intentaba quedarse con la SIDE, el asesor consiguió que el jefe de la CIA recibiera en Langley al hombre que puso al frente de la agencia de inteligencia, Cristian Auguadra. Una foto que en la Rosada valoraron y que le permitió frenar, por ahora, el avance de la hermana del Presidente sobre ese territorio. Todo esto ocurre mientras Milei mira de costado. El Presidente le tiene afecto a Caputo, comparten momentos esotéricos y valora sus resultados, pero la que maneja la dinámica del día a día es Karina. Las veces que se enfrentaron, al final siempre ganó ella. Hace unas semanas, el asesor y Milei tuvieron dos reuniones subidas de tono para destrabar el clima enrarecido, y hasta pactaron verse todas las semanas para evitar que la cosa escale sin remedio.
Por ahora, Caputo sobrevive. El fallo de YPF le dio aire, y en las Fuerzas del Cielo ya respiran con un poco más de calma. Adorni, en cambio, sigue esperando que la Justicia pida los papeles que pueden sellar su destino. El fiscal y el juez Ariel Lijo, que también juega su propia partida por la Procuración General, avanzan con la causa mientras el Gobierno cruza los dedos para que no explote en el peor momento. Mientras tanto, afuera del círculo íntimo, otros movimientos empiezan a perfilarse. El Chiqui Tapia, por ejemplo, ya levantó la cabeza y sueña con candidatearse a gobernador en la provincia de Buenos Aires, convencido de que el escándalo judicial que lo acecha se va a cortar en otra parte.
Lo que está claro es que la interna libertaria no es solo una disputa de nombres. En el fondo, se juega qué tipo de proyecto va a terminar imponiéndose: si el del mago que le dio forma a la locura inicial o el de la hermana que empuja una construcción política más clásica, con los Menem y con piezas que vienen del viejo mostrador. Por ahora, el péndulo sigue moviéndose, y mientras Caputo brinda con champagne en su despacho, Adorni sigue ahí, en la cornisa, esperando que alguien decida si lo empujan o lo dejan seguir.