28 Abr 2026

La paciencia social se agota y el oficialismo no para de perder imagen

La erosión silenciosa: La confianza en el Gobierno toca un nuevo piso en abril y la culpa por la economía ya se posa sobre Milei. Por primera vez, más argentinos señalan al Gobierno como el principal responsable de la crisis que al "riesgo kuka".
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La erosión del respaldo al Gobierno de Javier Milei se aceleró en abril con la caída más pronunciada del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) desde el inicio de su gestión, según el relevamiento mensual de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella. El indicador se desplomó un 12,1% respecto de marzo y se ubicó en 2,02 puntos, el valor más bajo de toda la administración del líder libertario, apenas por encima del piso de 1,94 puntos registrado en septiembre de 2025. La medición, realizada por Poliarquía Consultores sobre una muestra de 1.000 casos entre el 6 y el 17 de abril, acumula cuatro retrocesos consecutivos en lo que va de 2026 –enero (-2,8%), febrero (-0,6%), marzo (-3,5%) y abril (-12,1%)– y una contracción total del 17,9% desde diciembre del año pasado. Con estos números, el promedio de la gestión de Milei desciende a 2,42 puntos, su registro más bajo desde la asunción. Aunque el ICG actual se mantiene por encima del 1,44 puntos que exhibía Alberto Fernández en abril de 2022, quedó levemente por debajo del 2,07 puntos que registró Mauricio Macri en el mismo mes de 2018, una diferencia del -2,1% que el presidente suele utilizar como vara para relativizar las críticas. Sin embargo, el dato que podría encender las alarmas en la Casa Rosada es otro: la confianza en el Gobierno cayó incluso más que en aquel abril de 2018 que anticipó el estallido de la crisis cambiaria.

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El desglose por componentes muestra un derrumbe generalizado, pero la eficiencia fue el atributo más castigado, con una caída del 21,4% que la dejó en 1,87 puntos. Le siguieron la evaluación general del gobierno (1,64 puntos, -17,2%) y la preocupación por el interés general (1,61 puntos, -13,9%). Incluso la honestidad, el ítem mejor valorado, retrocedió un 8,4% hasta los 2,50 puntos. En paralelo, una encuesta de Hugo Haime & Asociados reveló un viraje político de fondo: por primera vez, una mayoría relativa de los consultados –el 39%– adjudica al gobierno de Milei la responsabilidad principal por los problemas económicos, mientras que el denominado “riesgo kuka” –la herencia del kirchnerismo– cayó al 33%. El dato marca un punto de inflexión en el humor social, que empieza a correr el eje de la crítica del pasado hacia el presente, erosionando uno de los principales blindajes discursivos del oficialismo. El estudio de Haime también mostró que el 64% de la población expresa alguna voluntad de cambio en el modelo económico, ya sea modificándolo o reemplazándolo por completo, mientras que solo el 15% respalda sostenerlo sin retoques.

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Y el estado de ánimo social refleja ese desgaste: el 39% dice que la gente está con bronca y el 37% la describe como triste y desanimada, mientras que apenas el 18% la percibe contenta y esperanzada. En su columna en Perfil, Haime describió ese pasaje como “del sacrificio a la desilusión”, al advertir que el respaldo inicial basado en la expectativa de cambio se debilita cuando los resultados no se perciben en la vida cotidiana. La segmentación del ICG aporta más señales de alerta para el Gobierno: la confianza cayó en todos los grupos etarios excepto entre los jóvenes de 18 a 29 años, donde subió un leve 2,3% hasta 2,27 puntos. En el otro extremo, el segmento de 30 a 49 años registró la contracción más pronunciada del mes, con un desplome del 16,7% hasta 1,94 puntos, mientras que los mayores de 50 bajaron un 11,4% hasta 2,03 puntos. Por género, los hombres sufrieron una caída mucho más brusca (-16,9%) que las mujeres (-4,1%), achicando la brecha.

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Geográficamente, todas las regiones descendieron, pero el Gran Buenos Aires quedó en el nivel más bajo (1,67 puntos, -13,0%). Y por nivel educativo, el secundario fue el que más se derrumbó: -19,0% hasta 1,83 puntos. El informe de la Di Tella deja una última advertencia: la expectativa económica sigue siendo el factor que más polariza la confianza. Quienes creen que la situación mejorará en los próximos meses tienen un ICG de 4,03 puntos, mientras que quienes anticipan un deterioro registran apenas 0,51 puntos, el valor más bajo de todo el relevamiento. Esa brecha sugiere que, más allá de los escándalos puntuales –como el de Manuel Adorni al que aluden algunos medios–, lo que está en juego es la credibilidad del rumbo económico. Y la tendencia, por ahora, es de una sola dirección.

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