El sector industrial argentino atraviesa su momento más crítico de las últimas dos décadas, con una contracción que lo ubica como el segundo peor desempeño manufacturero del mundo, sólo superado por Hungría, según un informe de la consultora Audemus elaborado con datos de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI). El estudio, que analizó la evolución de la producción entre 2023 y 2025, revela una caída promedio del 7,9% en la actividad fabril argentina, un retroceso que contrasta fuertemente con el crecimiento registrado en países de la región como Brasil, que expandió su industria un 3,5%, Chile con un 5,2%, Perú con un 6,5% y Uruguay con un 3,7%. El informe es categórico al señalar que “el fenómeno en curso no es latinoamericano: es específicamente argentino”, y lo atribuye a “un tipo de cambio apreciado que erosiona la competitividad, una apertura comercial acelerada y sin selectividad sectorial, y la ausencia de cualquier instrumento de política industrial activa”.
El deterioro del entramado productivo se refleja en cifras contundentes: entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 cerraron 2.436 empresas industriales, lo que representa casi el 5% del total de firmas manufactureras del país. La caída en el número de compañías ha sido “pronunciada y sostenida, al punto de encaminarse a perforar los mínimos registrados durante la pandemia”, según el relevamiento de Audemus, que precisa que “no hubo una sola rama en la que se crearan nuevas empresas”. Los sectores más golpeados fueron textil e indumentaria, productos metálicos y muebles, actividades intensivas en mano de obra y con fuerte dependencia del mercado interno. En paralelo, se destruyeron 72.955 puestos de trabajo industriales, equivalentes al 6% del empleo manufacturero total, con una dinámica que expulsó trabajadores en 16 de los 24 meses del período analizado.
La utilización de la capacidad instalada se ubicó en un promedio de 57,9% durante 2025, el nivel más bajo de los últimos diez años si se excluye el período de pandemia, lo que implica que las plantas industriales operan a menos de seis de cada diez unidades de su potencial productivo. El Monitor de Desempeño Industrial (MDI) de la Unión Industrial Argentina (UIA) se ubicó en 36,5 puntos en enero de 2026, muy por debajo del umbral de expansión de 50 puntos, acumulando su decimoquinto relevamiento consecutivo en zona de contracción. Según el relevamiento realizado entre 644 empresas de diversas actividades entre el 2 y el 16 de febrero, el 53,3% de las firmas registró una caída en su nivel de producción en comparación con el promedio del cuarto trimestre de 2025, mientras que solo el 13% reportó aumentos. En materia de ventas internas, el panorama fue aún más desfavorable: el 54,7% de las empresas reportó bajas, el tercer valor más elevado de toda la serie histórica.
"Hay que ajustarse un poco" 🗣️
— El Destape (@eldestapeweb) March 4, 2026
El comentario de un hombre que no está de acuerdo con Milei sobre la actualidad: "Ponen gobiernos como este que le sirve a Estados Unidos". pic.twitter.com/KeLRFWyOV9
El impacto laboral se profundiza con el 22,2% de las empresas que redujeron su dotación de personal, de las cuales la mitad recurrió directamente a despidos, mientras que el 41,4% aplicó reducción de turnos y el 22,9% implementó suspensiones. Las expectativas para los próximos doce meses también mostraron un marcado pesimismo: solo el 47,8% de las empresas prevé una mejora en su situación económica propia, frente al 60,4% del trimestre anterior, y apenas el 51% espera un mejor contexto económico nacional, contra el 68,6% registrado previamente. Las pequeñas y medianas empresas son las más afectadas, con índices de contracción en producción de -43,3 puntos porcentuales frente a -34,8 en las grandes compañías, y en ventas internas la brecha se amplía a -46,5 puntos para las pymes contra -30,8 para las firmas de mayor tamaño.
El sector automotriz, uno de los motores tradicionales de la industria, exhibe un derrumbe preocupante: la producción de vehículos cayó un 30,1% en febrero en comparación con el mismo mes del año anterior, con apenas 29.632 unidades fabricadas, según el informe de la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa). Las exportaciones del sector también se contrajeron un 28,9% interanual, y en los dos primeros meses de 2026 acumulan un saldo negativo del 23,4%. La situación es tan crítica que Stellantis, la fábrica que produce marcas como Peugeot, Fiat, Citroën y Ram, debió frenar la producción en su planta de El Palomar por dos semanas, mientras que General Motors anunció que continuará durante 2026 con el esquema de suspensiones iniciado el año pasado y Ford amenazó con cerrar su planta de Pacheco. El presidente de Adefa, Rodrigo Pérez Graziano, señaló que “es fundamental seguir trabajando de manera sostenida con toda la cadena de valor y el Gobierno en la agenda del sector”, en un intento por mantener un tono conciliador con la administración nacional.
La preocupación por la competencia externa ganó terreno de manera acelerada: la dificultad para competir con bienes importados pasó de no registrar menciones en octubre de 2024 a representar el 19,4% de las inquietudes empresariales en enero de 2026, en un contexto de mayor apertura comercial y apreciación cambiaria. El 46,1% de las empresas identificó la caída de la demanda interna como su principal desafío, mientras que los costos, que lideraban las preocupaciones con el 40,6% en enero de 2025, redujeron su peso al 19,7%. Las dificultades financieras también se intensificaron: el 45,6% de las firmas reportó problemas para afrontar al menos uno de sus compromisos, ya sea salarios, proveedores, impuestos o deudas financieras, y el 5,4% presentó atrasos en la totalidad de los pagos.
En este escenario de crisis, el presidente Javier Milei dedicó gran parte de su discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el pasado 1° de marzo, a justificar el cierre de empresas y a cuestionar el modelo industrialista aplicado durante décadas en el país. “Desde hace casi un siglo, la Argentina está atrapada en la trampa del fetiche industrialista. Nos dijeron que la única forma de generar empleo era sostener un esquema industrial fuertemente subsidiado. Nos dijeron que solo podíamos crecer si vivíamos con lo nuestro”, afirmó el mandatario, y agregó: “El consumidor ahorra dinero al comprar el bien importado, ese dinero lo utilizará en comprar otros bienes, generando así puestos de trabajo en otro sector de la economía, que es más productivo y podrá pagar mayores salarios”.
Las declaraciones presidenciales generaron una fuerte reacción en el arco empresarial. La Unión Industrial Argentina (UIA) y la Asociación Empresaria Argentina (AEA) emitieron comunicados exigiendo “respeto” al Gobierno y afirmando que es “indispensable promover un diálogo constructivo y respetuoso”. El titular de la UIA, Martín Rappallini, cuestionó las agresiones en declaraciones radiales: “La Argentina tiene pocas empresas y hay que trabajar para que haya más. Así que me parece que estar criticando al sector empresario no nos lleva a ningún camino”. Y profundizó: “Nuestra preocupación es que seguimos viviendo con las distorsiones del pasado. Vemos que se abre la economía sin corregir las distorsiones del país, sin que las empresas locales puedan abrirse a ese desafío”. Rappallini recordó que “en la Argentina, el 20% del PBI es la actividad industrial y, en la recaudación, es casi el 30%”, en alusión a la elevada carga tributaria que soporta el sector.
El ministro de Economía, Luis Caputo, relativizó el impacto de la caída del empleo industrial al sostener que “se echa gente en todos los países del mundo y no es un drama. ¿Por qué? Porque en 48 horas la gente consigue empleo y tal vez mejor”. Caputo planteó que el debate no es entre un modelo industrialista y uno aperturista, sino entre un esquema que definió como “prebendario” y otro que promueva competencia e inversión. El funcionario mantuvo una reunión con la cúpula de la UIA el pasado 13 de febrero, en la que los industriales presentaron propuestas para reactivar la economía, entre ellas mecanismos de financiamiento para estimular el consumo, estímulos impositivos para la construcción, y la posibilidad de permitir que las contribuciones patronales se computen a cuenta del IVA para reducir los costos laborales no salariales. En el encuentro, Caputo calificó la reunión como “excelente” y destacó que los cambios implementados, junto con la ley de Inocencia Fiscal, serán “fundamentales para navegar de la mejor manera posible la transición hacia este nuevo modelo de país”.
Sin embargo, el último dato sobre utilización de la capacidad instalada en la industria, correspondiente a diciembre de 2025, fue de 53,8%, un nivel inferior al 56,7% registrado doce meses atrás, que ya de por sí era bajo. Sectores como el textil, el calzado y la metalmecánica no automotriz figuran entre los rubros más afectados, y en ramas como neumáticos, los productos importados hoy representan el 85% del mercado, según estimaciones privadas. El informe de Audemus advierte que “las empresas que cerraron no reabrirán, el know-how y los equipos se dispersan, y los trabajadores que perdieron sus empleos difícilmente los recuperen en el sector”. La crisis actual, concluye, “está generando un daño sobre el entramado empresarial industrial comparable, o incluso superior, al de los episodios más disruptivos de las últimas décadas”.