30 Sep 2025

La casta tiene miedo

En medio de un masivo rechazo social y una baja convocatoria, Milei suspende su acto en Ushuaia. La visita a Tierra del Fuego se vio truncada por el repudio de gremios y vecinos contra las políticas de ajuste y la afectación al empleo local, mientras se cuestiona el costoso uso de tres aviones estatales para la comitiva presidencial.
La casta tiene miedo

El último intento del presidente Javier Milei de hacer campaña para La Libertad Avanza (LLA) en Tierra del Fuego, una de las provincias que elige senadores el 26 de octubre, fue un verdadero papelón que terminó, una vez más, en un desastre político. El Jefe de Estado, acompañado por su hermana Karina Milei, viajó a Ushuaia en una comitiva que demandó un despliegue de recursos estatales gigantesco, algo que el peronismo fueguino no tardó en echarle en cara, cuestionando el costo del “paseo” para el bolsillo de los contribuyentes.

La travesía presidencial, supuestamente para bancar a los candidatos Agustín Coto y Belén Monte de Oca, apenas comenzó a rodar cuando Milei llegó al Hotel Albatros. Allí lo recibió un coro furioso de trabajadores de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y ATE. Con la consigna “Milei, no sos bienvenido”, los manifestantes le cantaron las cuarenta por las “políticas de ajuste” y el “desmantelamiento del Estado” que, según ellos, está destrozando la Patagonia. La tensión en la provincia es palpable, sobre todo después de que la última gran fábrica textil, Australtex, cerrara, dejando a más de 500 personas en la calle, una consecuencia directa de las decisiones del gobierno sobre el régimen de área aduanera especial.

La “caminata proselitista” que Milei tenía planeada por el centro de Ushuaia fue una farsa que tuvo que ser “relocalizada preventivamente” ante el riesgo de un escrache, según informó el partido de Karina Milei. Al final, el recorrido fue prácticamente nulo; el Presidente solo pudo caminar unos 100 metros antes de salir corriendo. Las versiones son contundentes: la suspensión no solo fue por la bronca social de gremios y vecinos —con carteles que decían “Milei persona no grata” y “La soberanía no se vende”—, sino también por la poca convocatoria de su propia caravana, que no habría superado las 70 personas. La LLA, por su parte, se lavó las manos y culpó a la gobernación peronista de Gustavo Melella de instigar las marchas, alegando que los manifestantes estaban “equipados con piedras, basura y huevos”. Desde la oposición, se burlaron, afirmando que el Presidente se vio obligado a cancelar todo por la falta de militancia propia.

La casta tiene miedo

La magnitud del operativo oficial fue la frutilla del postre. El Presidente usó tres aviones de la Fuerza Aérea, incluyendo el Learjet 60 (ARG-11), un Boeing 737 con una comitiva de 60 pasajeros y, de yapa, un avión utilitario Twin Otter que fue registrado “casualmente como un vuelo de LADE, con el fin de ocultar su utilización para campaña”. Se estima que este derroche de recursos estatales con fines puramente partidarios costó cerca de $300 mil dólares. El cálculo más cínico que hizo la prensa es demoledor: cada militante que estuvo presente en el acto le costó al contribuyente más de $4000 dólares. El adalid de la lucha contra “la casta” usó un amplio aparato estatal para una actividad proselitista que, a pesar de todo, se fue a pique, obligándolo a regresar rápidamente a su hotel.

El único lugar donde Milei pudo caminar sin problemas fue dentro de la fábrica del Grupo Newsan, un emblema de las empresas que viven gracias a la protección del Estado y a un régimen de beneficios que los libertarios dicen odiar. El mandatario se limitó a tomar un megáfono en la puerta del Hotel Albatros y, ante su reducido grupo de seguidores, soltó: “Somos conscientes del enorme esfuerzo que realizan día a día. No aflojemos ahora, que el esfuerzo de cambiar la Argentina para siempre valga la pena”. Horas después, su equipo compartió imágenes en planos cerrados de la escena, como si nadie se hubiera dado cuenta de que las palabras del Presidente no fueron transmitidas por ningún canal oficial.

Mientras esto pasaba en el “fin del mundo”, en la Casa Rosada, el Consejo de Mayo debatía la “reforma impositiva” e intentaban apagar el incendio desatado por las denuncias que vinculan al primer candidato a diputado por Buenos Aires de LLA, José Luis Espert, con Federico “Fred” Machado, un argentino con pedido de extradición de Estados Unidos por supuesto narcotráfico. Espert, que admitió haber conocido a Machado y haberle “agradecido” por prestarle un avión en 2019, calificó las acusaciones como una “campaña sucia”. No obstante, la mesa de campaña bonaerense, compuesta por los Menem (Martín y Eduardo “Lule”), Sebastián Pareja y el apoderado Santiago Viola, evaluó la situación, reconociendo que la figura de Espert ya venía restando votos y que su defensa había sido “floja”. Los estrategas del oficialismo insisten en seguir vendiendo al Presidente como “el outsider” cercano a “la gente”, una tarea que, a la luz de los recientes acontecimientos, se revela cada vez más compleja.