Axel Kicillof inició una semana de movimientos políticos que combinaron la contención interna con un desafío público al gobierno nacional. El viernes, en un encuentro en Berazategui con unos 40 intendentes del Movimiento Derecho al Futuro y varios de sus ministros, el mandatario buscó apaciguar los ánimos y cerrar filas. La derrota había dejado un regusto amargo, con malestar entre los jefes comunales por su escasa representación en las listas legislativas y por las críticas recibidas desde el sector cristinista, que los acusó de haberse “borrado” durante la campaña. A esta tensión se sumó la carta pública de Cristina Fernández de Kirchner, quien señaló el desdoblamiento electoral impulsado por Kicillof como un “error político”. Frente a esto, según lo relatado por intendentes presentes, la defensa del gobernador encontró eco: la medida no fue un desacierto, sino una estrategia para “preservar poder local y evitar que la elección provincial se viera arrastrada por la dinámica nacional”, argumentando que “nos permitió sostener los concejos y la Legislatura”. Al cierre de la reunión, el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, transmitió el mensaje oficial, instando a “no enredarse en discusiones internas” y remarcando que el armado político “no se construye pisoteando a otros sectores”.
Este llamado a la unidad interna tuvo su correlato en un frente externo de confrontación. Excluido de la reunión que el presidente Javier Milei mantuvo en la Casa Rosada con los gobernadores firmantes del Pacto de Mayo, Kicillof respondió con una carta pública publicada el sábado en sus redes sociales. En ella, calificó la decisión del Presidente como un “gesto antidemocrático” y “contrario al espíritu federal”, señalando que las provincias no convocadas representan a más del 40% de la población argentina. Más allá de la queja por la exclusión, el fondo de su misiva fue un duro cuestionamiento al rumbo económico. Kicillof argumentó que “el ajuste fiscal al que usted llama ‘superávit’ se construyó en gran medida sobre la quita ilegal de fondos a las provincias” y detalló los recortes sufridos en seguridad, transporte y obra pública. “Jubilados, trabajadores, comerciantes, industriales, estudiantes, sectores vulnerables y sectores medios continúan siendo golpeados por un ajuste que se traduce en recesión, feroz caída del consumo y las ventas, pérdida de empleo y, sobre todo, angustia y desesperación”, escribió.
Carta al Presidente Javier Milei
— Axel Kicillof (@Kicillofok) November 1, 2025
El futuro de la Argentina no se construye con odio ni sometimiento, sino con respeto, cooperación y amor a la Patria.https://t.co/KjQfM9n97p pic.twitter.com/RLKzG4JrUq
A pesar de la crítica frontal, el gobernador tendió un hilo de diálogo, invitando a Milei a reunirse para “articular políticas públicas”. Sostuvo que están “obligados a coordinar para proteger a los que más sufren, reactivar la producción, fortalecer el federalismo y garantizar que las provincias reciban lo que les corresponde”. Sin embargo, su tono fue de advertencia: “Los argentinos la están pasando mal. Las familias están endeudadas, los comercios vacíos, la industria paralizada, los salarios pulverizados. Los municipios y las provincias sostienen con esfuerzo lo que el Estado nacional abandona”. En su análisis, relativizó el triunfo electoral libertario, afirmando que “la suma de quienes no votaron por su fuerza política y los millones de argentinos que no fueron a votar –seguramente desalentados luego de sucesivas frustraciones económicas y decepciones políticas– constituyen una mayoría social que no lo está aplaudiendo precisamente”. Este doble movimiento de Kicillof –consolidar el espacio interno mientras desafía al gobierno nacional– marca la hoja de ruta del peronismo bonaerense de cara a un futuro inmediato cargado de negociaciones presupuestarias y tensiones políticas.