En un contexto político marcado por la derrota electoral del peronismo en octubre pasado y con la mira puesta en las elecciones de 2027, el gobernador bonaerense Axel Kicillof busca redefinir su estrategia para proyectarse a nivel nacional. Tras un 2025 de altibajos que incluyó su desafío al desdoblamiento electoral, su objetivo declarado es ampliar su espacio, el Movimiento Derecho al Futuro, más allá de los límites de la provincia. “Venimos a convocar a todos y todas para construir una fuerza política que trascienda a la provincia de Buenos Aires”, anunció en un plenario en Ensenada, según sus declaraciones reproducidas textualmente. En ese mismo encuentro, hizo un llamado a “reforzar la construcción de una alternativa política a esta ultraderecha”, en una clara confrontación de modelos con el gobierno de Javier Milei.
Sin embargo, esta ambición de cambiar el eje de la discusión pública hacia propuestas de futuro y una alternativa nacional choca frontalmente con persistentes tensiones internas. La interna en el Partido Justicialista se reavivó tras el revés frente a La Libertad Avanza, con una disputa abierta por el control del PJ bonaerense entre el sector de Kicillof y La Cámpora, liderada por Máximo Kirchner. Estas fricciones, que estallaron en lo que un ministro provincial describió como “una guerra de guerrillas intra peronista”, dificultan instalar los nuevos temas que el gobernador pretende promover y mantienen el foco en viejas divisiones.
Paralelamente, en el plano territorial bonaerense, emerge con fuerza una discusión que revela las debilidades estructurales del espacio. Según análisis políticos circulantes, varios intendentes impulsan la posibilidad de la reelección indefinida, un debate que excede lo municipal. El argumento político subyacente, tal como se ha publicado, es que Kicillof necesitará jefes comunales fuertes y con control del territorio para sustentar una eventual proyección nacional en 2026. Esta lógica expone un problema de base: la dificultad histórica del peronismo para producir recambios ordenados, lo que lleva a que la reelección indefinida se perciba como una herramienta de supervivencia política antes que como un debate institucional.
La estrategia de expansión nacional diseñada por Kicillof, que incluye una agenda de viajes a provincias comenzando en febrero, intenta superar este “barro bonaerense”. Para esta tarea ha designado a colaboradores clave como Carlos Bianco, Andrés “Cuervo” Larroque y Cristina Álvarez Rodríguez. No obstante, el éxito de este plan dependerá de su capacidad para gestionar las dobles tensiones: las peleas pendientes dentro de su propio espacio y la dependencia de un esquema territorial que, lejos de renovarse, apuesta a perpetuar a sus actuales líderes. El tablero muestra así una contradicción entre el relato de renovación y futuro que pregona el gobernador y las prácticas políticas tradicionales que buscan consolidarse en su base de apoyo esencial.