El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, y su equipo técnico han comenzado a delinear una propuesta económica alternativa al actual rumbo de estricto ajuste implementado por el Gobierno nacional. El foco central de esta iniciativa es la recuperación del poder adquisitivo de la clase media, un sector que, según se desprende de diversas evaluaciones, es el más afectado por la combinación de inflación y recesión que impera en el país.
El movimiento del exministro de Economía se interpreta en el contexto de su creciente protagonismo en el mapa político nacional, ubicándolo como una de las figuras con mayor proyección dentro del peronismo para una eventual fórmula presidencial en el ciclo electoral de 2027. Si bien su entorno ha mantenido la cautela, negando que se esté confeccionando un “plan de gobierno” formal a largo plazo, senadores peronistas confirmaron haber dialogado con Kicillof sobre la necesidad de contar con un esquema sólido de “respuestas claras” ante las demandas sociales. Esta urgencia se sintetiza en la frase que domina las encuestas sobre preocupación económica: “no llegamos a fin de mes”, una expresión que funciona como brújula para los armados técnicos en La Plata.
Tras el triunfo electoral del 7 de septiembre, el gobernador bonaerense redobló su ofensiva política, enviando emisarios a tender puentes con dirigentes del Interior. La estrategia busca, por un lado, incrementar su capital político y, por el otro, construir consensos en torno a un diagnóstico común sobre la urgencia de recomponer el ingreso de los trabajadores, tanto formales como informales, asfixiados por la coyuntura. Esta preocupación, de hecho, se revela como transversal al espectro político. Referentes del espacio Provincias Unidas, que agrupa a gobernadores de la Unión Cívica Radical y el PRO, admitieron las dificultades para sintonizar con los reclamos de la clase media. “Nuestro discurso entra bien en sectores altos, pero los trabajadores quieren soluciones inmediatas, no teorías”, confesó un dirigente de ese armado, al tiempo que otro vocero de ese mismo sector reconoció que la propuesta que mejor conecta con quienes buscan “llegar a fin de mes” es la del peronismo.
En paralelo, Kicillof ha intensificado su acercamiento al sindicalismo peronista. Recientemente, en un acto realizado en el Club Atenas de La Plata, compartió escenario con figuras de peso como Hugo Yasky y “Cachorro” Godoy, representantes del sindicalismo combativo. Allí, el gobernador aprovechó para enlazar la defensa de las demandas laborales con una crítica a la narrativa que ubicaba a los jóvenes como base de apoyo del oficialismo, expresando: “Se cayó la idea que el pueblo cambió de idea, de que fueron los jóvenes los que pusieron a Milei ahí. Fue increíble como la juventud consciente y movilizada nos dio el triunfo el 7 de septiembre”. El gobernador también se refirió a la crisis económica en otros ámbitos, como en un encuentro en Avellaneda, donde solicitó a los empresarios que se pronunciaran públicamente para exponer la gravedad de la situación.
El triunfo en las elecciones bonaerenses le otorgó a Kicillof una renovada autoridad política, incluso ante sectores del kirchnerismo que habían cuestionado su decisión de desdoblar los comicios provinciales. Pese a la prudencia que exhibe su entorno, los gestos y movimientos sutiles del gobernador confirman que la idea de tener una propuesta económica lista para cuando las circunstancias lo demanden es su jugada estratégica más significativa, buscando posicionarse como la alternativa en un país acostumbrado a giros abruptos en su ciclo político-económico.