La breve e infructuosa designación de Gerardo Milman en un cargo directivo del Senado quedó al descubierto esta semana, dejando al desnudo una nueva y profunda grieta en el interior del gobierno nacional. La maniobra, orquestada por la senadora y jefa del bloque oficialista Patricia Bullrich, fue desarticulada en cuestión de días por una orden que, según múltiples versiones convergentes, emanó de la Secretaría General de la Presidencia a cargo de Karina Milei, en un movimiento interpretado como un claro gesto para no entorpecer diálogos políticos con el kirchnerismo.
Todo se desarrolló durante la extensa y caótica sesión del viernes 26 de diciembre, dedicada a la aprobación del Presupuesto 2026. Aprovechando el clima de desorden, Patricia Bullrich presionó al presidente provisional de la Cámara alta, Bartolomé Abdala, para que firmara el memo que designaba a Milman como Director de Relaciones con las Provincias, un cargo con un salario mensual cercano a los tres millones de pesos. El trámite, registrado bajo el número 89869/2025 e ingresado al sistema con el usuario de Abdala, avanzó sin consultas previas y tomó por sorpresa incluso al entorno de la vicepresidenta Victoria Villarruel, que se enteró por publicaciones periodísticas. Según relataron testigos a diversos medios, Bullrich había mantenido al exdiputado “escondido” en la Oficina 513 de un edificio anexo durante los días previos, esperando el momento oportuno para concretar su incorporación.
Con esta jugada, la exministra de Seguridad logró burlar temporalmente un veto explícito y recurrente de Karina Milei sobre la figura de Milman. La hermana del Presidente ya le había impedido formar parte de las listas legislativas y había frustrado un intento previo de ubicarlo en la Dirección Nacional de Migraciones. El rechazo de Karina tiene una explicación política de peso: Milman es una persona profundamente repudiada por el kirchnerismo, que lo señala como uno de los posibles ideólogos del intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner, ocurrido el 1 de septiembre de 2022. Si bien la Justicia archivó recientemente esa línea de investigación por falta de pruebas, el estigma político permanece intacto y convierte su nombre en un elemento de alta tensión.
La pulseada, sin embargo, duró muy poco. Este martes 29 de diciembre, desde la Presidencia Provisional del Senado se pidió al área de Recursos Humanos que dejara sin efecto el nombramiento, según reveló un correo electrónico interno filtrado a la prensa. El paso de Milman por el cargo, que no superó los cuatro días, se convirtió así en una contundente derrota política para Bullrich y expuso la fragilidad de su vínculo con el núcleo duro del poder presidencial. La rápida reversión desató inmediatamente una guerra de versiones para determinar quién había dado la orden real. Aunque el trámite administrativo de la baja lo ejecutó formalmente Bartolomé Abdala, en los pasillos del Congreso nadie le atribuye la iniciativa. El senador puntano quedó atrapado en el fuego cruzado entre Karina Milei, Victoria Villarruel y Patricia Bullrich.
📌 Golpe para Bullrich en el Senado
— Somos Radio AM 530 (@somosradioam530) December 30, 2025
👉 En Que Vuelvan las Ideas, el periodista @FabianWaldman confirmó que Gerardo Milman fue dado de baja como asesor en el Senado, tras una fuerte interna libertaria.
⚠️ La salida expuso tensiones entre Bullrich, Villarruel y Karina Milei, y… pic.twitter.com/kpa4LcFnlz
Desde la órbita de la Secretaría General de la Presidencia se intentó instalar la idea de que la vicepresidenta Villarruel había sido quien pidió la baja como parte de un acuerdo con el bloque peronista. No obstante, fuentes cercanas a Villarruel lo negaron de manera tajante. “La Rosada quiere instalar que lo bajó Victoria por un acuerdo con el kirchnerismo, pero el acuerdo con el kirchnerismo lo tiene la Rosada”, aseguraron legisladores al portal LPO. Y agregaron con crudeza: “Karina no sabe qué hacer con Milman porque le complica los acuerdos con el kirchnerismo”. Esta interpretación cobra fuerza a la luz de otros entendimientos recientes entre el oficialismo y la oposición, como la negociación que permitió el reparto de cargos en la Auditoría General de la Nación (AGN) entre Máximo Kirchner y el diputado Martín Menem. Existe una extendida sospecha en varios bloques de que las conversaciones subterráneas también abarcan la futura composición de la Corte Suprema de Justicia, la Procuración General y la designación de cientos de jueces y fiscales federales.
Más allá de estos acuerdos de alcance mayor, el episodio Milman actúa como un síntoma elocuente de la creciente tensión interna por el control de los resortes del Estado. Para muchos observadores, Karina Milei no solo le marcó la cancha a Bullrich, limitando su capacidad de construir poder propio dentro del Senado, sino que envió un mensaje de pragmatismo a la oposición: la Casa Rosada está dispuesta a sacrificar cuadros aliados considerados “tóxicos” para mantener aceitados los canales de gobernabilidad. La relación entre Bullrich y el núcleo íntimo de Milei ya venía deteriorándose, con episodios previos donde promesas de la senadora sobre aumentos de partidas fueron frenadas por la Secretaría General. Este nuevo capítulo, explosivo y de corta duración, deja en evidencia que la tregua entre las principales figuras del oficialismo ha llegado a su fin, mientras los acuerdos con el peronismo siguen su curso lejos de los reflectores.