En los pasillos de la Casa Rosada, tras la contundente victoria electoral del oficialismo, ya no se habla de “el Jefe” en masculino. La figura de Karina Milei, Secretaria General de la Presidencia y hermana del presidente Javier Milei, ha trascendido el rol de guardiana y consejera para erigirse como la arquitecta principal del nuevo mapa de poder libertario, en una transformación que ha reconfigurado las alianzas internas y cuyas primeras consecuencias ya se materializan en cambios de gabinete y una feroz pulseada por el control de la justicia.
El triunfo del 26 de octubre, que fortaleció políticamente al gobierno, funcionó como el catalizador definitivo para que Karina Milei consolidara una autoridad que hasta entonces parecía disputada. Según el análisis de Joaquín Morales Solá, “Karina Milei es la jefa de la administración, sobre todo después de los fulminantes cambios del fin de semana”. Este nuevo poder se evidenció con la capacidad de la hermana presidencial para obturar las aspiraciones de Santiago Caputo, el hasta entonces omnipresente asesor, quien aspiraba a un “superministerio” como recompensa por su rol en la estrategia electoral y el acercamiento con los Estados Unidos. En lugar de ello, Karina impuso a dos leales incondicionales: Manuel Adorni, su ex vocero y mano derecha, como jefe de Gabinete; y a Diego Santilli, con quien negoció directamente su lugar en la boleta bonaerense, como ministro del Interior. Estas designaciones no son meros cambios de caras, sino la instalación de un cerrojo karinnista en los engranajes clave del Estado.
La pulseada interna, que según las fuentes de gobierno llegó a enrarecer incluso una cena con el expresidente Mauricio Macri, tuvo en el control del Ministerio de Justicia y los organismos de inteligencia uno de sus episodios más reveladores. Karina Milei logró frenar el ascenso de Sebastián Amerio, el hombre de máxima confianza de Caputo en materia judicial, y aseguró la continuidad, al menos temporaria, de Mariano Cúneo Libarona al frente de la cartera de Justicia. Este movimiento le arrebata a Caputo una de sus áreas de influencia más sensibles y consolida a Karina como la única interlocutora con la facultad de negociar los pliegos de los jueces, incluyendo los vitales cargos de la Corte Suprema. Aunque Caputo conserva bajo su órbita la SIDE y el ARCA, su poder es, en palabras de Morales Solá, “mucho menos poder que el que aspiraba tener”.
Lejos de mostrarse como una figura fría y distante, Karina ha desplegado una estrategia de liderazgo que sus allegados describen como atenta y resolutiva. En la reunión que mantuvo con los diputados nacionales electos de La Libertad Avanza, les pidió compromiso para defender los proyectos de ley que el Ejecutivo enviará al Parlamento y subrayó que “estamos frente a un momento histórico donde el Congreso tendrá un rol fundamental para acompañar las transformaciones que la Argentina necesita”. Este acercamiento, sumado a los chistes y abrazos intercambiados con el propio Caputo durante la jura de Adorni, forma parte de una puesta en escena calculada para proyectar una imagen de unidad y control férreo en un momento de máxima tensión interna. Quienes la conocen sostienen que suele ser una persona que habla poco y escucha, aunque también destacan su carácter desconfiado.
Karina a Santiago Caputo que estaba con lentes 😎: “¿Qué hacés, mucho sol?” pic.twitter.com/rKr7CiDQWc
— Lautaro Maislin (@LautaroMaislin) November 5, 2025
El fortalecimiento de la “era Karina” tiene reverberaciones inmediatas en el tablero político nacional. Por un lado, sella una nueva dinámica de cogobierno entre los hermanos Milei, donde Javier se concentra en la economía y la prédica global, mientras Karina administra el Estado y la política interna. Por otro, redefine la relación con los potenciales aliados, como la Unión Cívica Radical, que observa con atención estos movimientos mientras debate internamente entre acercarse al oficialismo o constituirse en una oposición firme. El futuro de las reformas laboral y tributaria, así como la gobernabilidad misma, dependerán de la capacidad de esta nueva estructura de poder, comandada desde las sombras por la hermana del Presidente, para generar consensos en un escenario donde la interna, lejos de haber terminado, ha entrado en una nueva fase.