27 Oct 2025

Inesperado triunfo de Milei

El impredecible resultado le da oxígeno y fuerza a Javier Milei, pero la economía sigue en crisis. El peronismo empieza a reanimar las internas pendientes y los gobernadores centristas quedan sumidos a la voluntad de Casa Rosada.
Inesperado triunfo de Milei

Desafiando toda lógica y con la economía dependiendo de tuits yanquis, el oficialismo libertario se llevó un triunfo que dinamitó el tablero político nacional. Con un 40,7% a nivel nacional, Javier Milei no solo superó las expectativas propias y ajenas, sino que le dio una paliza histórica al peronismo en provincia de Buenos Aires. En una remontada épica, La Libertad Avanza revirtió los casi catorce puntos de diferencia de septiembre, imponiéndose con Diego Santilli a la cabeza. Este “cisne violeta”, como lo bautizó Ignacio Fidanza, fue un fenómeno que nadie vio venir.

La victoria, que les permite sumar entre 91 y 94 diputados y ganar en quince provincias, es leída en el submundo del poder como un peligroso cheque en blanco. El peligro es real: según Franco Lindner, este respaldo inesperado puede desatar “el peor Milei”, una versión radicalizada que interpreta el resultado como una validación absoluta de su mesianismo y su método destructivo. La paradoja es cínica: el respaldo electoral llegó en medio de una recesión brutal, con salarios pulverizados y desempleo al alza, y solo se sostuvo gracias a dos salvatajes financieros externos –el Fondo Monetario Internacional y el Tesoro de Estados Unidos– para que el dólar no estallara antes de los comicios.

El terremoto no solo afectó al oficialismo y al peronismo; se llevó puesto el proyecto de la tercera vía. La alianza Provincias Unidas vio su capital político licuarse en un solo acto, dejando a los gobernadores del centro en una posición de debilidad vergonzosa frente a la Casa Rosada. Tal como publicó Pablo Ibañez, en el entorno de Milei ahora se jactan de que la victoria convierte a estos mandatarios en “casi rehenes” del gobierno nacional, facilitando las negociaciones desde una posición de fuerza despiadada. La nueva correlación de fuerzas consolida una polarización extrema: la Argentina política se dividió entre Milei y el peronismo, triturando cualquier intento de camino intermedio.

Inesperado triunfo de Milei

Puertas adentro del libertarianismo, el resultado es la consolidación total del poder de Karina Milei y Martín Menem. La aparición inesperada de la hermana del Presidente, flanqueada por Menem en el hotel, fue interpretada como un mensaje: ella es la artífice de la victoria y su protegido es intocable. El poder de Santiago Caputo, el estratega silencioso, tampoco se debilita; todo lo contrario, los rumores de su regreso al corazón de las decisiones, incluso para reemplazar a Guillermo Francos, vuelven a sonar fuerte. El triunfo, más que una fiesta, es el sello de una “pax libertaria” que fortalece a los dos principales clanes, aunque el futuro del ministro del Interior quede pendiendo de un hilo.

Mientras el oficialismo festeja a puertas cerradas, el peronismo se sume en una crisis que dispara todas las alarmas. “Estábamos preparados para que saquen 35 puntos, no 40”, confesó un dirigente en el búnker de Axel Kicillof. La subestimación y una campaña deslucida de Jorge Taiana,  se sumaron a un factor estructural: la boleta única. El clima interno ya es de batalla campal, con intendentes que auguran que “ahora viene una época que nos vamos a cagar bien a trompadas” y que cuestionan la conducción y la conformación de las listas.

El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, intentó ponerle un paño frío a la euforia oficialista, señalando que el Presidente “se equivoca si festeja que este resultado electoral donde seis de cada diez argentinos han dicho que no están de acuerdo con el modelo que proponen”. Pero la matemática es cruel: a pesar de la baja concurrencia electoral (la más baja desde el regreso a la democracia), el gobierno tiene ahora un piso de apoyo sólido que lo autoriza a pisar el acelerador con su agenda. El gran interrogante que se plantea la mesa chica es cuánto durará este cheque en blanco si las condiciones de vida no mejoran y el esquema económico, que se mantiene con respirador artificial por la ayuda externa y un dólar artificialmente planchado, termina por estallar, arrastrando consigo la única bandera real de Milei: la lucha contra la inflación.

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