El oficialismo cosechó un triunfo contundente que reconfigura el tablero político nacional, aunque el mapa final aún espera por el veredicto definitivo de la Justicia Electoral en ocho provincias donde las diferencias son agónicas. Con un 40.7% de los votos a nivel nacional, Javier Milei no solo superó holgadamente las expectativas de su propio gobierno y de las encuestas, sino que infligió una derrota categórica al peronismo en su bastión principal, la provincia de Buenos Aires, donde dio vuelta un resultado que hace solo 50 días lo ubicaba 14 puntos por debajo. Sin embargo, la celebración en el búnker libertario convive con la incertidumbre de un escrutinio provisorio que dejó a La Rioja, Chaco, Chubut, Santa Cruz, Río Negro, La Pampa y Corrientes en una delicada cuerda floja, con distancias que no superan el 1% y donde un puñado de votos podría modificar el color del mapa y la asignación de bancas.
El impacto más significativo de este recuento pendiente se vive en La Rioja, donde se registra el escrutinio más infartante. El cierre del recuento provisional mostró una ventaja para el frente Federales Defendamos La Rioja, del gobernador peronista Ricardo Quintela, de apenas 0.3 puntos, equivalentes a 621 votos. Dado que quedaron sin computar 2467 electores, y que la mayoría de ellos pertenecen a la ciudad capital, un bastión donde La Libertad Avanza ganó por 12 puntos, la probabilidad de que la provincia termine pintada de violeta es considerable. En la provincia de Buenos Aires, el corazón de la victoria mileísta, el peronismo ya reconoció la derrota a pesar de que la diferencia a favor de LLA fue de sólo 0.54 puntos, o 46,600 votos. No obstante, existe un antecedente que mantiene la cautela: en las PASO de 2017, el resultado provisional le daba el triunfo a Esteban Bullrich, pero el escrutinio definitivo terminó dándole la victoria a Cristina Kirchner.
Más allá de los ajustados resultados provinciales, el triunfo a nivel nacional le permite a La Libertad Avanza una recomposición significativa de su fuerza parlamentaria. El oficialismo pasará de tener 37 a 93 bancas en la Cámara de Diputados a partir del 10 de diciembre, consolidando así un tercio que le garantiza un piso de gobernabilidad para sostener vetos presidenciales y evitar eventuales juicios políticos. Este crecimiento, sin embargo, no le otorga la mayoría necesaria para aprobar sus reformas más profundas, lo que lo obligará a seguir tejiendo alianzas con otros bloques, en un Congreso donde Fuerza Patria seguirá siendo la primera minoría con 97 diputados. El Presidente, exultante, interpretó el resultado como la “confirmación del mandato” de 2023 y anunció que avanzará en el “camino reformista”, a la vez que se mostró conciliador al convocar “a la gran mayoría de gobernadores a discutir en conjunto estos acuerdos”.
La lectura del resultado, no obstante, es objeto de disputa. Mientras Milei celebraba ante sus seguidores afirmando que “hoy comienza la construcción de la Argentina grande”, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, lanzó una advertencia: “Se equivoca Milei si festeja este resultado electoral, donde 6 de cada 10 argentinos han dicho que no están de acuerdo con el modelo que propone”. Este respaldo electoral se produjo en el marco de la participación más baja desde el regreso de la democracia, con apenas un 67% del electorado acudiendo a las urnas, un dato que matiza la magnitud del triunfo oficialista y que la oposición no duda en señalar. El peronismo, por su parte, se encuentra sumido en una autocrítica profunda que ya desató cruces internos, tras una derrota que no anticipó y que deja al descubierto la urgente necesidad de reconfigurar su estrategia y su liderazgo de cara al futuro inmediato.