La conformación de la Cámara de Diputados en vísperas de la jura del próximo miércoles vive una de sus pulseadas más intensas en el espacio que aspiraba a erigirse como tercera fuerza. Provincias Unidas, la alianza de gobernadores de Córdoba, Santa Fe, Chubut, Jujuy, Corrientes y Santa Cruz, quedó al borde de la fractura tras una inesperada y álgida interna por la presidencia de su bancada. El conflicto estalló cuando los mandatarios Maximiliano Pullaro de Santa Fe y Martín Llaryora de Córdoba decidieron impulsar a la vicegobernadora santafesina Gisella Scaglia para el cargo, desplazando a Miguel Ángel Pichetto, quien hasta entonces era el candidato firme. Esta movida, de la que Pichetto se enteró de manera sorpresiva, provocó su inmediato enojo y la amenaza de romper con el espacio para formar un bloque propio.
El miércoles se realizó la primera reunión del flamante bloque en un anexo del Congreso, un cónclave donde participaron 17 diputados nacionales y que contó con la presencia de los gobernadores Ignacio Torres y Maximiliano Pullaro. Allí se comenzó a delinear la agenda y los objetivos del espacio, cuya intención es alcanzar entre 21 y 23 legisladores. Sin embargo, la polémica por la conducción opacó el encuentro. Desde el sector de los gobernadores, un operador intentó bajar la temperatura afirmando que “las autoridades de la bancada serán presentadas en una reunión prevista para la próxima semana” y dejando una puerta abierta: “Ojalá se sumara Pichetto porque es un dirigente con una gran trayectoria”. No obstante, la desavenencia parece de fondo; según pudo saber Infobae, desde el entorno de Pichetto se argumenta que él “tiene más espalda para esa tarea”, mientras que los partidarios de Scaglia retrucan que ella “es una mejor opción para representar la agenda de los gobernadores, justamente porque es vicegobernadora”.
Frente a esta pulseada de poder, la reacción de Pichetto fue contundente. El líder de Encuentro Federal advirtió que está dispuesto a abandonar Provincias Unidas y armar un bloque propio junto a Nicolás Massot. Según trascendió, una opción que se maneja en su sector es unirse con la Coalición Cívica, aunque desde la bancada de Elisa Carrió indicaron que aún no han definido su posición y analican todas las alternativas, desde conformar un interbloque hasta mantenerse como espacio político independiente. Esta posible ruptura genera honda preocupación entre los integrantes de la bancada, ya que, en caso de concretarse, quedarían en amplia desventaja para la próxima y crucial conformación de las comisiones legislativas.
Mientras este forcejeo interno se desarrolla, el oficialismo nacional observa con particular atención los movimientos en la Cámara baja. La Libertad Avanza progresa en su objetivo de consolidar su presencia, sumando a los tres radicales disidentes de La Liga del Interior –Mariano Campero, Luis Picat y Federico Tournier–, con lo que su bloque alcanzaría los 91 miembros, quedando a apenas cuatro bancas de Unión por la Patria. Este avance se produce en paralelo a la pérdida de dos legisladores por parte del peronismo, que ve reducir su representación a 96 bancas. En este contexto, el Gobierno apuesta a profundizar la fragmentación del bloque opositor, focalizando su estrategia en gobernadores del norte argentino. Parte de este plan recae en el ministro del Interior, Diego Santilli, quien mantiene diálogos con figuras como el santiagueño Gerardo Zamora y el catamarqueño Raúl Jalil, buscando que sus respectivos grupos de legisladores se distancien definitivamente del kirchnerismo.