La madrugada del jueves en el Senado de la Nación quedó marcada por la aprobación de la reforma laboral, un triunfo legislativo que el oficialismo celebró pero que, lejos de sellar la unidad interna, expuso con crudeza las fisuras y disputas de poder que atraviesan a La Libertad Avanza. Lo que debía ser una jornada de consolidación parlamentaria se convirtió en un escenario de gestos calculados, silencios elocuentes y movimientos que reconfiguran las alianzas dentro del espacio gobernante. La sesión, que se extendió por más de catorce horas, tuvo como protagonistas no solo a los oradores, sino también a una vicepresidenta relegada, una senadora en ascenso y una secretaria general que observa con desconfianza cada paso de sus propios soldados.
Uno de los momentos de mayor tensión simbólica ocurrió incluso antes de la votación en general. La vicepresidenta Victoria Villarruel, visiblemente marginada de las negociaciones previas que encabezó la jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich, tomó la palabra para dar la bienvenida a los invitados del Poder Ejecutivo presentes en los palcos. Con un tono ceremonioso, mencionó por su cargo y nombre a la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei. Inmediatamente, las cámaras de Senado TV enfocaron el palco y la imagen fue elocuente: mientras el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro del Interior, Diego Santilli, esbozaban sonrisas, Karina Milei permaneció inmutable, con un gesto serio y distante que fue interpretado por todos como un claro desaire hacia quien considera su principal enemiga interna. Según reconstruyeron fuentes parlamentarias, la “picardía” de Villarruel al nombrar a la hermana del presidente no fue casual, sino una respuesta al malestar acumulado por haber sido excluida de las tratativas que Bullrich mantuvo con los distintos bloques para asegurar los votos. La vicepresidenta, que había conducido la sesión con disciplina, decidió abandonar el recinto tras la votación en general y delegar la presidencia en el sanluiseño Bartolomé Abdala para la discusión en particular, un gesto que confirmó su alejamiento del núcleo de las decisiones.
Pero el foco de la interna no se agotó en la relación entre Villarruel y la Rosada. El verdadero terremoto político tuvo como epicentro a Patricia Bullrich. Su desempeño durante la sesión fue el de una líder que marcó la cancha, interviniendo en cada momento crucial para rechazar intentos de modificación y protagonizando cruces con la oposición. Uno de los episodios más álgidos se produjo cuando la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti la interrumpió, lo que motivó una respuesta destemplada de Bullrich: “Callate la boca porque no podés hablar. Estoy hablando yo”, lanzó, para luego mirar hacia el estrado y reclamarle a Villarruel: “Presidenta, ponga orden”. Sin embargo, el malestar que generó Bullrich trascendió ampliamente el fragor del debate. La difusión, en la mañana siguiente, de un video en sus redes sociales musicalizado con la canción “Vogue” de Madonna, donde se la muestra recorriendo los pasillos del Senado entre saludos efusivos de empleados y liderando una reunión de bloque, encendió todas las alarmas en Balcarce 50.
En Casa Rosada, el video fue interpretado como una operación de autopromoción y una apropiación indebida de un triunfo que, aseguran, fue el resultado del trabajo de varios funcionarios que negociaron durante semanas. Según confiaron fuentes del oficialismo a LPO, la reacción de Karina Milei fue de furia contenida. La secretaria general de la Presidencia considera que Bullrich no solo se está colgando una medalla que no le corresponde, sino que, con su accionar, confirma que no tiene intención de reducir su exposición pública ni de actuar con la organicidad que el “triángulo de hierro” conformado por Javier Milei, Karina y Santiago Caputo exige. La concepción verticalista del poder que maneja la hermana del presidente choca de lleno con la autonomía política y el peso específico propio que la ex ministra de Seguridad exhibe sin pudor. El malestar no es nuevo, pero se ha profundizado en las últimas semanas. Fuentes cercanas al Ejecutivo revelaron que el disgusto también se vinculaba con una maniobra previa de Bullrich, a quien se le atribuye haber intentado coordinar con Villarruel para frenar el traspaso de la justicia laboral a la Ciudad de Buenos Aires, un artículo incluido en la reforma. La sospecha, según trascendió, era que Bullrich desconfiaba de un supuesto acuerdo entre Karina y el líder de la oposición dialoguista Daniel Angelici para favorecer a Adorni. Cuando desde la Rosada detectaron la jugada, la senadora se despegó rápidamente y terminó votando a favor, pero la herida ya estaba abierta.
No trabajamos con excusas. Trabajamos con resultados.
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) February 12, 2026
La reforma laboral ya tiene media sanción.
Si quieren una Argentina grande, sígannos. Nosotros vamos a fondo. pic.twitter.com/WBE4q9tpEz
El crecimiento del perfil de Bullrich no solo incomoda a la conducción partidaria, sino que comienza a generar roces con otros aliados legislativos. El diputado nacional Cristian Ritondo, jefe del bloque del PRO, dejó traslucir su malestar en la previa de la sesión por la baja de la edad de imputabilidad. Sin mencionarla directamente, apuntó contra la estrategia de la presidenta del bloque oficialista en el Senado al afirmar que “hubo un mal manejo para discutir los cambios al dictamen del proyecto” y que “no sabemos sobre qué trabaja y entonces no podemos trabajar nosotros sobre eso”. Ritondo también adelantó que insistirán con la inclusión de un artículo que permitía a las billeteras virtuales administrar cuentas sueldo, un punto que Bullrich había dado por saldado a favor de los bancos en el Senado. Este cruce expone una vieja rivalidad que se remonta a 2024, cuando Bullrich, aún en el PRO, respondió a las críticas de Ritondo sobre una posible fusión de bloques y meses después terminó por afiliarse a La Libertad Avanza, llevándose consigo a una decena de diputados que engrosaron las filas libertarias en la Cámara Baja.
En este contexto de alta tensión, la lectura que prima en los pasillos del Congreso y la Rosada es que el tablero se está reconfigurando. La vicepresidenta Villarruel, reducida a su rol más ceremonial y ajena a las negociaciones, ve cómo Bullrich ocupa el espacio de liderazgo parlamentario que ella nunca pudo consolidar. Pero al mismo tiempo, el avance de la ex ministra la coloca en la mira de Karina Milei, quien ya ha decidido que no será candidata a jefa de Gobierno porteño en 2027, un lugar reservado para Manuel Adorni. Incluso la posibilidad de ofrecerle la vicepresidencia de la fórmula presidencial para mantenerla controlada parece haber perdido fuerza en las últimas horas, dado el nivel de desconfianza que genera. Un hombre del PRO graficó con ironía la situación que se vive puertas adentro del oficialismo: “Están aprendiendo que si le das de comer al oso, en algún momento el oso te come”. Mientras tanto, el gobierno acelera las negociaciones para que Diputados convierta en ley la reforma laboral sin modificaciones la próxima semana, en una sesión donde la misión de Martín Menem, uno de los hombres de confianza de Karina, será contener las ambiciones y los resquemores de todos aquellos que, como Bullrich, ya no ocultan su intención de volar alto.
-en tu familia son todos muy unidos?
— Pregonero (@PregoneroL) February 12, 2026
+ufff no tenes una idea
la familia: pic.twitter.com/KLxV0rqSw8