La interna del peronismo ya no es un rumor de pasillo ni una disputa contenida en off. Es una grieta que se profundiza día a día y que amenaza con partir en dos al principal espacio opositor de cara a las elecciones de 2027. Del lado de un ring están Axel Kicillof y su gobernación en la provincia de Buenos Aires; del otro, Cristina Fernández de Kirchner y su hijo Máximo, con todo el aparato de La Cámpora a cuestas. Y lo que antes era un idilio político se transformó en una batalla campal donde los dardos se suceden sin pausa y las chances de una tregua se vuelven cada vez más remotas.
El último capítulo de esta pelea sin fin tuvo lugar el jueves, cuando Máximo Kirchner viajó a Carmen de Areco para encabezar un acto junto al intendente camporista Iván Villagrán. Sin mencionarlo directamente, el líder de La Cámpora apuntó contra el gobernador al referirse a un “hombrecito” y volvió a insistir con la candidatura presidencial de su madre para 2027. Casi al mismo tiempo, a 150 kilómetros de allí, en la puerta de San José 1111, otro de los coroneles de la agrupación, Facundo Tignanelli, encabezó una movida con la consigna “La Matanza con Cristina” y, sin vueltas, comparó a Kicillof con Augusto Timoteo Vandor, el sindicalista que en los años 60 intentó construir un “peronismo sin Perón”. “Es lamentable que se hayan alejado de Cristina y no estén dando respuestas a los vecinos”, lanzó el diputado, en una clara referencia al tándem que integran el intendente Fernando Espinoza y la vicegobernadora Verónica Magario.
@mojatignanelli dejate de pelotudear con que Axel es Vandor. Aceptar a Pichetto (más Judas no se consigue) y a Moreno (nadie ha insultado a Cristina y a Máximo como ese impresentable) es aceptar a Vandor en tus filas.
— Rodrigo Mas (@rodmasf) July 8, 2026
Axel es el único que asegura la victoria y liberar a CFK.
Pero los ataques no son nuevos ni mucho menos aislados. Hace semanas que el cristinismo de paladar negro, ese universo que responde de forma incondicional a la ex presidenta, convirtió el deslumbramiento que alguna vez sintió por el economista en un desprecio que exhibe sin pudor. El camporista Tignanelli graficó la pelea con trazos históricos: “Desde que Axel tomó distancia de Cristina, cada vez le fue peor al pueblo argentino”. Y para que no quedaran dudas de su bronca, remató: “Mis abuelos trabajaron para que Perón vuelva, no para encontrar una alternativa con Vandor”. La también camporista Mayra Mendoza se sumó con un dardo que, aunque sin identificarlo, apuntaba directamente a Kicillof: “A esos compañeros que creen hoy que pueden ser candidatos en nombre del peronismo, les falta lo que a Cristina le sobra: coraje”. El ultra cristinista Oscar Parrilli, por su parte, lo calificó de “ingrato”. Y el propio Máximo Kirchner, el mes pasado, había soltado una frase que retumba en el peronismo: “Los que todos los días hablan de unidad ni siquiera son capaces de ir a verla (a Cristina) a San José 1111 para ver cómo está y si necesita algo, esa es la verdad”.
Detrás de esa catarata de acusaciones hay una historia de desencuentros que arrancó mucho antes. En el entorno del gobernador recuerdan que las tensiones comenzaron en 2021, cuando tras la derrota legislativa Cristina le impuso el rearmado del gabinete y el nombramiento de Martín Insaurralde como jefe de ministros. Pero la ruptura definitiva llegó en 2023, cuando Kicillof desoyó la exigencia de Máximo Kirchner de ser el candidato presidencial del espacio y decidió buscar su reelección en la provincia. Fue allí cuando pronunció aquella metáfora de las “nuevas canciones” que el kirchnerismo duro todavía tiene atragantada: “No tengo ninguna gana de ir a una elección a cantar una que sepamos todos… Tenemos que componer una nueva”.
Hoy, la bronca se alimenta de reproches que van de lo político a lo personal. Cerca de la ex presidenta aseguran que Kicillof ni siquiera se comunicó para preguntar por su salud cuando fue internada por una apendicitis el verano pasado. Y en los pasillos del PJ repiten una advertencia que Cristina les habría hecho a los intendentes que la visitaron: “Si me traicionó a mí, ¿cómo no los va a traicionar a ustedes?”. Esa supuesta traición, según el cristinismo, ocurriría el año que viene, cuando Kicillof no desdoble las elecciones provinciales de las nacionales, tal como reclaman los jefes comunales.
Berni e Ishii en la Legislatura Bonaerense despotricando contra Kicillof. Máximo en Parque Lezama, Tignanelli y Santalla en las redes.
— Ariel E. Velazquez (@arielevelazquez) June 24, 2026
Aviso, muchachos, porque compañeros parece les queda grande. Gobierna Milei y la estamos pasando para el culo. Anoten.
Frente a esta ofensiva, en la gobernación de La Plata optan por una lógica distinta: el silencio como método de preservación y la gestión como principal herramienta de poder. “Ni mezclamos la gestión con la disputa interna ni hay loteo. Los ministros responden al gobernador”, argumentan cerca de Kicillof. Aunque desde el camporismo insistan con que el gobernador “no está haciendo demasiados esfuerzos” para mantener las PASO, herramienta que consideran clave para dirimir una interna, en el kicillofismo rechazan esa lectura. El ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, fue el encargado de ponerle voz a esa estrategia: “El año próximo en las elecciones presidenciales la derecha va a tener un solo candidato. Será Milei o quien el círculo rojo decida”. Y agregó: “Después se verá con qué método se define esa candidatura. Hoy están las PASO y nosotros creemos que ese es el mejor instrumento posible para definir una candidatura única del campo popular”. Incluso advirtió que, si se eliminan las primarias, “tendremos que discutir cual es el método para dirimir una interna”.
Sin embargo, la escalada kirchnerista no da tregua. La Cámpora ya puso en marcha un operativo territorial para presionar a los intendentes del Movimiento Derecho al Futuro, el ejército municipal de Kicillof, en sus propios distritos. La Matanza, Avellaneda, San Martín y Morón son algunos de los municipios donde ya se preparan internas con candidatos propios para complicarles el camino a los jefes comunales alineados con el gobernador. Todo esto ocurre mientras las encuestas siguen mostrando a Kicillof como el dirigente opositor mejor posicionado, con una imagen positiva que ronda el 34% y supera a la de Cristina Kirchner, según distintos relevamientos.
En el cristinismo, sin embargo, tienen una lectura muy diferente de la realidad. Allí están convencidos de que Kicillof no quiere el apoyo de la ex presidenta y que trabaja activamente para despegarse de su figura. “Axel tiene miedo de que le digan kirchnerista”, resumió un dirigente del círculo íntimo de Máximo Kirchner. Y fueron más allá: “Si mañana aparece Cristina bancando a Axel en las redes sociales, se convertiría en una mala noticia para quienes lo rodean. Nadie quiere eso. La estrategia es distanciarse, no acercarse. Axel no quiere que lo apoyemos”. En ese contexto, la unidad suena cada vez más como una utopía. El propio Máximo Kirchner lo dejó claro en Carmen de Areco: “Nosotros no vemos la política en términos individuales. Nunca la vimos así. Vamos a pelear contra los que tengamos que pelear”. Y cerró con una frase que muchos interpretaron como un punto final a cualquier intento de acuerdo: “Agradezco el acompañamiento a Cristina. Cuando uno ve tanta dirigencia miserable y aparece el pueblo para acompañarla, me queda claro que la unidad tiene que ser con la gente y que la unidad secundaria es con los dirigentes”. Mientras tanto, en el kicillofismo insisten con que ellos no buscan romper, sino construir una alternativa federal para ganar en 2027. Pero las distancias se agrandan y, en el subsuelo de la interna, cada vez hay menos lugar para la conciliación.