04 Ene 2026

EE.UU. ataca a Venezuela y secuestra a Maduro

Mientras el gobierno de La Libertad Avanza festejó la acción militar estadounidense, la mayoría de los países de la región y varias potencias globales rechazaron el intervencionismo y alertaron sobre un precedente peligroso.
EE.UU. ataca a Venezuela y secuestra a Maduro

En la madrugada del sábado 3 de enero de 2026, fuerzas estadounidenses ejecutaron una operación militar en Caracas y otras regiones de Venezuela que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Desde su residencia en Mar-a-Lago, el presidente Donald Trump brindó una conferencia en vivo donde, exultante, relató detalles de la incursión. “Vi en directo cómo capturamos a Nicolás Maduro, estaba escondido en una fortaleza, fue como un show televisivo”, afirmó en una entrevista con Fox News, elogiando la organización de sus tropas y señalando que no hubo bajas estadounidenses, aunque admitió que “un par de chicos fueron alcanzados”. Trump compartió además una imagen en sus redes sociales que, según aseguró, muestra a Maduro, con los ojos vendados y auriculares, a bordo del buque de guerra USS Iwo Jima, rumbo a Estados Unidos para enfrentar un proceso judicial. El mandatario estadounidense declaró que su país “gobernará” Venezuela “hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y sensata”, y advirtió que tiene preparado un segundo ataque “mucho mayor” si fuera necesario.

EE.UU. ataca a Venezuela y secuestra a Maduro

Desde Argentina, la reacción del gobierno de Javier Milei fue de inmediato respaldo y celebración. A través de un video en sus redes sociales, el mandatario argentino saludó la agresión militar con su consigna habitual: “La libertad avanza. Viva la libertad carajo”. En declaraciones a LN+, Milei calificó a Maduro como “un narcoterrorista” y “usurpador”, y sostuvo que la captura “significa la caída del régimen”. Argumentó que el candidato opositor Edmundo González Urrutia, ganador según su interpretación de los cuestionados comicios de 2024, “debería asumir” la presidencia venezolana. El respaldo oficial fue rubricado con un comunicado de la cancillería argentina liderada por Pablo Quirno, que valoró “la decisión y la determinación” de Estados Unidos y describió el hecho como “un avance decisivo contra el narcoterrorismo”. Figuras alineadas como la senadora Patricia Bullrich y el expresidente Mauricio Macri se sumaron al festejo públicamente, este último afirmando que “Latinoamérica recupera un país secuestrado por una dictadura”.

Esta posición contrasta de manera radical con la abrumadora mayoría de las reacciones oficiales en la región y el mundo, que condenaron la acción por considerarla una violación flagrante de la soberanía y el derecho internacional. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, declaró que los bombardeos y la captura “han traspasado una línea inaceptable” y representan “una grave afrenta a la soberanía de Venezuela”, recordando “los peores momentos de injerencia en la política latinoamericana”. En la misma línea, el mandatario colombiano, Gustavo Petro, rechazó la agresión y activó protocolos de seguridad en la extensa frontera compartida, mientras su gobierno prepara un decreto de urgencia para atender una posible crisis humanitaria. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, emitió un comunicado condenando “el accionar militar de Estados Unidos”, al que consideró “una grave violación de los principios elementales del Derecho Internacional” que “sienta un peligroso precedente”.

Desde Venezuela, la vicepresidenta Delcy Rodríguez confirmó el ataque y, en cadena nacional, pidió una “prueba de vida” de Maduro y Flores, cuyo paradero desconocen. Mientras tanto, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, apareció en televisión vestido con chaleco antibalas para llamar a la calma y a la defensa del país. El gobierno venezolano emitió un comunicado denunciando que el objetivo del ataque es “apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela” y que constituye una “violación flagrante” de la Carta de las Naciones Unidas. A nivel global, potencias como China y Rusia condenaron enérgicamente la operación. Pekín, “profundamente conmocionado”, acusó a Washington de “comportamiento hegemónico” que “amenaza la paz y la seguridad” en la región, según un comunicario de su Ministerio de Relaciones Exteriores.

El evento marca un punto de inflexión de extrema gravedad en la política hemisférica, resquebrajando cualquier principio de solución pacífica de controversias y exponiendo una fractura profunda entre los gobiernos latinoamericanos. Por un lado, se alinea un sector minoritario que avala la intervención militar foránea, encabezado por el gobierno argentino. Por el otro, una mayoría de estados de la región y del mundo que reclaman el cese de la agresión, el respeto a la autodeterminación y la búsqueda de canales diplomáticos, en un marco de solidaridad con el pueblo venezolano frente a lo que varios líderes han definido como un peligroso retorno a la era de las intervenciones armadas.

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