El relevo en la Jefatura de Gabinete no fue un simple cambio de nombres, sino una exhibición de cómo el relato libertario se pliega a las urgencias del poder. Manuel Adorni quedó en el camino, acorralado por una investigación por presunto enriquecimiento ilícito que lo tuvo contra las cuerdas durante tres meses, y en su lugar asumió Diego Santilli, el mismo a quien Javier Milei, no hace tanto, definía como el epítome de la casta política. La ceremonia de asunción está prevista para este martes a las 17.30, con el presidente tomándole juramento, pero la foto oficial no alcanza a disimular la contradicción monumental que implica poner al frente del gabinete a un dirigente que el propio Milei calificó de “corrupto” y “el candidato del boludeo” durante la campaña de 2023. Esa voltereta no solo dinamita cualquier resto de coherencia discursiva, sino que expone la regla no escrita de esta gestión: la supervivencia política siempre termina sepultando las promesas de pureza.
Aquí junto al nuevo Jefe de Gabinete de Ministros @diegosantilli y la Sec. Gral. de la Presidencia @KarinaMileiOk delineando los fundamentos para una transición ordenada del cargo. La jura será el día martes a las 16:00 hs.
— Javier Milei (@JMilei) June 28, 2026
MAGA.
VLLC! pic.twitter.com/D9wPZyDaSl
El prontuario de Santilli, que los militantes libertarios dedicaron años a despedazar en redes sociales, es hoy el currículum que el oficialismo elige ensalzar. Porque el nuevo jefe de Gabinete no llega con las manos vacías: su nombre apareció en los Pandora Papers, la investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación que destapó cómo políticos y empresarios utilizan paraísos fiscales para ocultar fortunas. Según reveló el portal Diagonales, el grupo familiar Santilli-Forchieri está vinculado a al menos catorce sociedades, dos de ellas radicadas en las Islas Vírgenes Británicas y en Florida, como South Tourin LLC, una firma dedicada al alquiler de propiedades que comparte dirección con otras entidades creadas por intermediarios especializados en evasión fiscal. Mientras tanto, el propio Santilli figura en los registros de la ex AFIP como monotributista, una contradicción que para cualquier otro hubiera sido motivo de escándalo, pero que en el nuevo manual libertario se justifica con aquella frase que el dirigente pronunció cuando fue expuesto: “Es normal, todo el mundo lo hace”.
Asumo el desafío más importante de mi vida con el compromiso de seguir trabajando para que este Gobierno siga haciendo historia.
— Diego Santilli (@diegosantilli) June 28, 2026
Creo en los proyectos colectivos, no en los individuales. Por eso voy a trabajar en equipo, junto a un gran Gabinete encabezado por el Presidente… https://t.co/i3mmohafvc
Pero el archivo digital no perdona, y el propio ecosistema libertario se vio atrapado en su propio laberinto de críticas del pasado. El streamer Mariano Pérez, hoy alineado con la gestión, había cruzado a Santilli en 2021 por su oportunismo político, y el influencer Esteban Glavinich, conocido como “Traductor te Ama”, documentó con un expediente oficial que Santilli, cuando era vicejefe de Gobierno porteño, se autorizó un gasto con fondos públicos para financiar un viaje privado a Londres junto a su esposa en 2017. Esa rendición de viáticos millonaria, sumada a la declaración de José Luis Espert, quien años atrás lo describió como un camaleón que “estuvo con Menem, con Duhalde, con Ruckauf, con Macri y Larreta”, pinta el retrato de un político que transitó del PJ al Frepaso, del PRO al libertarismo, siempre al resguardo de las estructuras de poder. Su patrimonio, además, dio un salto de 17 millones de pesos en 2021 a 691 millones en 2025, un incremento superior al 3.700% que despierta las mismas sospechas que hundieron a Adorni.
A esas sombras se suman las acusaciones de Leonardo Cositorto, el fundador de Generación Zoe, quien aseguró haber financiado parte de la campaña electoral de Santilli con unos 32 mil dólares, un aporte que el dirigente negó pero que nunca fue esclarecido judicialmente. Y para completar el cuadro, el nuevo jefe de Gabinete arrastra un pasado como ministro de Seguridad porteño marcado por la represión a manifestaciones sociales, con balas de goma y gases contra docentes y trabajadores frente al Congreso, y un viaje a Tel Aviv en 2021 para reunirse con la entonces ministra israelí Ayelet Shaked, una figura de la ultraderecha que impulsó políticas de mano dura. Esa combinación de offshore, patrimonio explosivo, financiamiento dudoso y perfil represivo es, sin embargo, la carta que los Milei y Santiago Caputo eligieron para darle estabilidad al gabinete después del terremoto Adorni.
“MAURI”
— 💛🇦🇷 🅟🅐🅜🅟🅐 🇦🇷💙 (@Pampa139) June 29, 2026
En el programa de Graña mostraron como entraba Santilli a Olivos y se vio como en la pantalla de el auto decía: “Mauri”, el colorado venía recibiendo instrucciones de Macri antes de reunirse con Milei.☠️ pic.twitter.com/PDM7ihgzpC
La designación de Santilli, que llega con el visto bueno de Karina Milei y el respaldo del PRO en la provincia de Buenos Aires, es el certificado de defunción del discurso antisistema que llevó a Milei a la Rosada. El presidente que prometía no negociar con la casta terminó entregándole la coordinación de sus ministros al hombre al que acusaba de “vivir de sus negocios”, de “repartir sobres” y de ser “el candidato del boludeo”. Como ironizó un analista político, la motosierra se convirtió en un instrumento de canje vulgar: Adorni cae por no poder explicar su plata, y Santilli asciende con un patrimonio que tampoco cierra, pero con la habilidad suficiente para moverse en los pasillos del Congreso y asegurar los votos que el oficialismo necesita. La renuncia de Adorni, con su carta victimista y su lista de delitos que nadie le había atribuido, ya es historia vieja. El presente se llama Santilli, y su llegada no hace más que confirmar que, en la política argentina, el reciclaje de la casta es la única tradición que nunca se interrumpe.