La derrota ajustada del peronismo en la provincia de Buenos Aires, donde La Libertad Avanza logró revertir el resultado de septiembre, desató de inmediato un terremoto interno en el Frente Fuerza Patria, con cruces y pases de factura que habían permanecido contenidos durante la campaña. La intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, lanzó la primera andanada al publicar en su cuenta de X un mensaje que concluía con una contundente afirmación: “El conurbano va a salvar a La Patria y @CFKArgentina tenía razón (no importa cuando leas esto)”. Esta reivindicación de la expresidenta, compartida horas después por la diputada Florencia Carignano con un “Cristina siempre tiene razón”, reactivó la disputa saldada meses atrás sobre la estrategia electoral, específicamente la decisión del gobernador Axel Kicillof de desdoblar los comicios, una medida que Cristina Kirchner había cuestionado abiertamente.
Gracias #Quilmes por votar con sentimiento nacional y por ser parte de la defensa del país. Gracias por no perder la solidaridad y la empatía con los jubilados, las personas con discapacidad, las mujeres, lxs niñxs y el pueblo trabajador.
— Mayra Mendoza ☀️ (@mayrasmendoza) October 26, 2025
El conurbano va a salvar a La Patria y… pic.twitter.com/ADRwL3qtkf
Desde el Instituto Patria y sectores del kirchnerismo no ahorraron críticas hacia la conducción de la campaña. La presidenta del bloque de Senadores, Teresa García, manifestó que “a mi entender, la estrategia fue equivocada”, en declaraciones a AM 530, y señaló que “hay intendentes que han trabajado mucho en convencer a los vecinos y otros que no tanto”. Esta observación sobre el rol de los jefes comunales encendió la mecha de un contrapunto que se propagó rápidamente. Los intendentes alineados con Kicillof respondieron con dureza, cuestionando la falta de representación territorial en las listas de diputados nacionales, cuyo armado estuvo a cargo de Máximo y Cristina Kirchner. Gastón Granados, jefe comunal de Ezeiza, afirmó que en esas nóminas faltó “representatividad territorial” y analizó que el electorado bonaerense “no mostró interés” en una lista sin dirigentes de las secciones electorales.
El malestar de los intendentes se expresó con crudeza. Mario Secco, de Ensenada, rechazó que se los tome como chivos expiatorios: “Estamos haciendo un trabajo extraordinario en la provincia y muchas veces se quieren limpiar el traste con nosotros y no quieren reconocer que las estrategias que se llevan adelante no dan resultados”, remarcó en Radio 10. En un tono más conciliador pero igualmente crítico hacia la estrategia nacional, Fabián Cagliardi, intendente de Berisso, señaló en declaraciones a Ámbito que “hubiera sido fantástico incluir a intendentes dentro de las listas nacionales”, argumentando que figuras con fuerte arraigo local, como Verónica Magario en La Matanza, demostraron en septiembre su capacidad para movilizar votos. Esta pulseada interna no es solo por el pasado inmediato, sino que proyecta sombras sobre la futura conducción del peronismo bonaerense. Según se desprende de los análisis, un grupo de intendentes del conurbano, que no responde a La Cámpora ni al axelismo duro, mantuvo reuniones con Kicillof para articular una alternativa de “centro” y plantearse como una fuerza con autonomía dentro del PJ provincial.
Con números consolidados, el peronismo en PBA perdió unos 120.000 votos respecto del 7/9 (descontando extranjeros). Le hubiese alcanzado para ganar. Pero apenas supera el 3%. Perdió más votos en el Norte respecto de 2021. En especial en provincias con PJ intervenido. (Ad Hoc) pic.twitter.com/qtRhF8ru1k
— Gabriel Sued (@gsued) October 28, 2025
Mientras las facciones se reposicionan, la lectura del resultado es objeto de disputa. En el búnker del hotel Grand Brizo, con la presencia de Sergio Massa, Juan Grabois, Máximo Kirchner y el propio Kicillof, primó la incredulidad y el malestar. Se definió que el gobernador sería el único orador, quien, ante los simpatizantes, evitó reconocer abiertamente la derrota al afirmar que “los resultados son muy ajustados. De 0,5 puntos en nuestra contra”. Detrás de él, Máximo Kirchner escuchaba serio, “masticaba bronca”, según las crónicas. La elección, que registró la participación más baja desde el regreso de la democracia, no solo consolidó el avance oficialista sino que dejó al descubierto un peronismo en ebullición, donde la tensión entre la estructura territorial y la dirección nacional, así como la puja entre el kirchnerismo y el kicillofismo, prometen recrudecer en las próximas horas, redefiniendo los liderazgos de cara al futuro inmediato.