La demonización de Argentina en el Mundial 2026 no fue un fenómeno espontáneo. Detrás de la ola de críticas que tildaron al país de racista y genocida se esconde una reacción directa al alineamiento internacional del gobierno de Javier Milei, en particular su férreo apoyo a Israel en medio del conflicto en Gaza. Lo que arrancó como chicanas futbolísticas se transformó en una campaña global que, para muchos analistas, tuvo más de operación geopolítica que de simple bronca deportiva.
El historiador Ezequiel Adamovsky, en un ensayo para la revista *Anfibia*, fue uno de los primeros en poner el dedo en la llaga. Señaló que, si bien algunas acusaciones son infundadas, la crítica por el respaldo a Israel es ineludible. “Con Milei, nuestro país está apoyando activamente la mostruosidad en curso en Gaza, Cisjordania y Líbano”, escribió Adamovsky, y agregó: “Somos el único país del mundo, junto a Estados Unidos, que todavía sostiene a Israel. Es triste, pero en esa acusación hay verdad y corresponde que nos avergoncemos”. Esa fue la base de una narrativa que, según la consultora Ad Hoc, movilizó cifras millonarias en la conversación digital: más de 826 mil referencias al supuesto racismo argentino y 764 mil menciones que vincularon al país con Israel. Lo más llamativo es que más de 451 mil usuarios hicieron la conexión directa entre ambos temas durante el Mundial.
"Samuel L Jackson":
— ¿Por qué es tendencia? (@porquetendencia) July 20, 2026
Por la historia que publicó en Instagram pic.twitter.com/sfLLJDD27T
El actor español Javier Bardem fue uno de los que llevó esa discusión al terreno político con total crudeza. En una entrevista, dijo sin vueltas que el apoyo de Milei a Netanyahu le pesó a la Selección: “Tener a un presidente como Milei apoyando (un genocidio) y estando orgulloso de ello, y figuras como Netanyahu, (o el ultra Itamar) Ben-Gvir, apuntando a Argentina como una representación de ellos -lo que no es justo para Argentina- ha traído un peso extra al partido”. Y remató: “Cuando el presidente apoya tan abiertamente a una persona que es un criminal de guerra como Netanyahu, quieres apoyar al otro equipo”. No fue el único. Figuras como Samuel L. Jackson, Rosalía, Pedro Pascal o el economista griego Yanis Varoufakis se sumaron a la catarata de críticas, muchas de ellas con un simplismo que reducía la compleja historia argentina a un par de clichés.
Con el Mundial se potenciaron una serie de narrativas vinculadas a la Argentina en RRSS 📲
— Ad Hoc (@AdHocOK) July 21, 2026
1️⃣La definición del país como "racista"
2️⃣La relación con Israel
3️⃣ArgenFIFA y "mundial amañado"
4️⃣La existencia de una campaña Anti-Argentina
Más detalles en este 🧵 pic.twitter.com/fcd74elJCV
Pero el fenómeno no se quedó en las pantallas. La campaña anti argentina trascendió lo digital y se materializó en episodios de violencia callejera, sobre todo en España, donde se registraron agresiones a hinchas albicelestes, insultos y amenazas. En paralelo, comenzaron a circular denuncias de argentinos que perdieron proyectos laborales o sufrieron discriminación en el exterior con el argumento explícito de que “no podían apoyar a un país racista”. La cosa se puso tan seria que el tema llegó incluso al Congreso de Estados Unidos.
En medio de ese temporal, el gobierno de Javier Milei optó por un silencio ensordecedor. Ni el Presidente ni el canciller Pablo Quirno salieron a defender la imagen del país. Una decisión que, para muchos, resultó por lo menos llamativa, sobre todo teniendo en cuenta que el propio Milei y sus funcionarios habían tenido en el pasado expresiones despectivas hacia Argentina. El vocero presidencial, por ejemplo, llegó a decir que “siendo un país bananero, nunca vamos a recuperar las Malvinas”. Y el propio Presidente, en una comparación con Suiza, había sugerido que en Argentina “solamente comeríamos dulce de leche” y “andaríamos con biromes en colectivo”.
El país más racista del mundo
— Martín Caparrós (@martin_caparros) July 22, 2026
Me tiene impresionado nuestro nuevo racismo. Me dieron ganas de escribir sobre eso pero no de publicarlo en algún medio. Prefiero que quede aquí, al alcance de quien quiera leerlo.
Una conciencia nueva recorre el planeta. No lo sabíamos pero ahora… pic.twitter.com/UEAGwweec3
El silencio oficial contrastó con el revuelo que generó la campaña, que según el análisis de *Página/12* no fue más que “una cloaca donde convergieron personas de todas partes del mundo, unidas por un sentimiento común: Argentina es un país malvado y racista”. Pero la misma nota advertía que esa narrativa omitía deliberadamente que Argentina abolió la esclavitud antes que la mayoría de los países occidentales y que nunca tuvo un sistema de segregación racial como el de Estados Unidos. Sin embargo, en la lógica de las redes, el matiz no vende. Lo que vende es el odio, y el algoritmo lo premia.
La pregunta que queda flotando es si todo esto fue casualidad o parte de una disputa más amplia. El artículo de *Perfil* planteó la hipótesis de que actores alineados con la causa palestina o con gobiernos enfrentados al eje Washington-Tel Aviv podrían haber visto en el fútbol el vehículo perfecto para golpear a uno de los aliados más visibles de Israel en la región. No hay pruebas, pero la coincidencia temporal es, como mínimo, llamativa: apenas Milei redefinió la política exterior y se abrazó a Netanyahu y Trump, Argentina se convirtió en el blanco preferido de una campaña global de desprestigio. Mientras tanto, el gobierno mira para otro lado. Y el país, una vez más, queda expuesto.