15 Jul 2026

El topo que viene a destruir la argentinidad desde adentro

El gobierno acepta mansamente que la FIFA prohíba los símbolos de Malvinas en el estadio. En las redes le recuerdan a Milei que también retiró una bandera histórica que flameó en las islas y estaba en Casa Rosada. El presidente, aún hoy, exhibe bombones con la cara de Thatcher en su despacho.
El topo que viene a destruir la argentinidad desde adentro

La semifinal del Mundial entre Argentina e Inglaterra en Atlanta ya tenía todos los condimentos de un partido caliente: rivalidad histórica, choque de estilos y un plus geopolítico que trasciende lo futbolístico. Pero lo que nadie esperaba es que el gobierno de Javier Milei se sumara a la fiesta con una medida que encendió todas las alarmas. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, confirmó que estará prohibido el ingreso al Mercedes-Benz Stadium con banderas, remeras o cualquier elemento que reivindique la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. “Banderas con las Malvinas es contenido político”, disparó la funcionaria en diálogo con radio Now, y fue más allá: “No pueden ingresar banderas con contenido político. Sí bandera argentina o inglesa. Pero nada que contenga algún mensaje que pueda provocar algún tipo de situación”. La explicación oficial es que se busca evitar provocaciones y “no incitar a la violencia”, en un partido catalogado como de alto riesgo que contará con un operativo de unos 1.600 efectivos policiales, coordinado entre la FIFA, el FBI y las policías de Atlanta y Miami. Los hinchas argentinos ingresarán por la Puerta 4 y los ingleses por la 3, aunque adentro del estadio no habrá separación.

La decisión, que altera el protocolo habitual del estadio que permite banderas de hasta 2 metros por 1,5, no es un hecho aislado. Llega en un contexto donde el propio Milei ya había dado muestras de su fascinación por Margaret Thatcher, la ex primera ministra británica que ordenó el hundimiento del General Belgrano. La periodista Vera Bergengruen, corresponsal de la revista Time, contó en Radio Mitre que en el despacho del Presidente vio una mesa repleta de regalos de seguidores, entre los que se destacaban “unos bombones con los rostros de Ronald Reagan y Margaret Thatcher”. Un detalle que, para muchos, sintetiza la sintonía fina del gobierno con el Reino Unido. Pero la cosa no termina ahí: el año pasado, el gobierno retiró de una vitrina en el patio Malvinas Argentinas de Casa Rosada la bandera que flameó en las Islas en 1966, durante el Operativo Cóndor, cuando un grupo de jóvenes militantes aterrizó en Puerto Argentino y desplegó siete banderas en un acto de reivindicación soberana. Esa bandera había sido entregada a Cristina Fernández de Kirchner en 2014 y emplazada allí como un símbolo de la causa Malvinas. Sin explicación oficial alguna, el símbolo patrio desapareció de la sede gubernamental.

Para colmo, el gobierno parece bailar al son de la encuesta. Mientras por un lado se prohíben los símbolos de Malvinas en el partido contra Inglaterra, por el otro el canciller Pablo Quirno publicó el domingo pasado una nota en La Nación en la que reivindicó el reclamo de soberanía y recordó los pronunciamientos de la OEA y el Comité de Descolonización de la ONU que piden retomar las negociaciones con el Reino Unido. Un giro de 180 grados que, según fuentes cercanas al gobierno, responde a una orden de Karina Milei para evitar que Victoria Villarruel y el peronismo capitalicen el descontento social con la postura libertaria. Es que el reclamo por Malvinas es una causa de creciente popularidad, y más en la previa de un partido donde la hinchada no para de cantar “los pibes de Malvinas”. Pero la nueva diplomacia libertaria, que ahora invoca la resolución 2065 de la ONU, tiene un problema de coherencia: mientras Quirno habla de negociación, el gobierno permite que el proyecto petrolero Sea Lion, liderado por la británica Rockhopper (35%) y la israelí Navitas (65%), avance para extraer crudo en la Cuenca Malvinas Norte a partir de 2028, con una inversión inicial de 1.800 millones de dólares y una producción que podría llegar a 180 mil barriles por día. Una omisión no menor en el discurso del canciller, que evitó mencionar las nacionalidades de las empresas que operan en territorio ilegalmente ocupado.

En ese contexto, las palabras de Ernesto Alonso, excombatiente y referente del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata (CECIM), resuenan con fuerza. En diálogo con Página/12, Alonso denunció la “entrega de la soberanía” del gobierno de Milei y recordó que el presidente, al afirmar que las Malvinas serán argentinas “sólo a través de la negociación y cuando los isleños lo deseen”, está violando la Cláusula Transitoria Primera de la Constitución Nacional. “Es gravísimo lo que dijo porque cambia el posicionamiento estratégico de Argentina de hace muchos años. Lo dice el presidente de la Nación, sus palabras ante la comunidad internacional valen. Los británicos lo guardaron en un cajoncito y en algún momento lo pueden llegar a utilizar en contra de nuestro reclamo de soberanía”, advirtió. Alonso también apuntó contra el reciente operativo en el Museo de Malvinas, donde un grupo de la Secretaría de Cultura tapó gigantografías de Perón y las Abuelas de Plaza de Mayo. “Van a querer un museo de la gesta, como querían imponer en la dictadura”, sentenció. Mientras tanto, en la previa del partido, el gobierno refuerza la seguridad en la Embajada del Reino Unido en Buenos Aires con 300 efectivos de la Policía Federal, en un operativo que, según fuentes oficiales, será similar al que se despliega cada 2 de abril. Una paradoja más en una gestión que, como dijo Alonso, “viene a destruir el Estado”.