El expresidente Mauricio Macri encabezó este jueves en Parque Norte un acto de relanzamiento del PRO que reunió a unos tres mil dirigentes de todo el país, en una demostración de fuerza destinada a mostrar la vigencia del partido que fundó hace más de dos décadas, en momentos en que el espacio atraviesa su crisis más compleja desde su creación. Bajo un sol radiante en el salón Ombú del complejo de la costanera porteña, y con una estética que buscó recuperar los símbolos fundacionales –globos multicolores, música de Tan Biónica y Airbag, y un formato de charlas ágiles estilo TED para conectar con audiencias más jóvenes–, el PRO escenificó un ritual de supervivencia política frente a un escenario dominado por La Libertad Avanza y las especulaciones sobre su futuro electoral de cara a 2027. La convocatoria, que incluyó a los gobernadores Rogelio Frigerio (Entre Ríos) e Ignacio “Nacho” Torres (Chubut), al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y a decenas de intendentes, buscó enviar un mensaje claro: el partido conserva poder territorial y capacidad de daño, en momentos en que desde el oficialismo lo consideran una fuerza en retirada que no superaría el cinco por ciento de los votos a nivel nacional.
El discurso de cierre estuvo a cargo de Mauricio Macri, quien desde el atril marcó una sutil pero significativa diferenciación con la gestión de Javier Milei, aunque reafirmó su compromiso con el rumbo general del gobierno. “El PRO no viene a cuestionar el rumbo, viene a completarlo, somos el próximo paso”, sostuvo el ex presidente, en una fórmula que sintetiza la incomodidad del espacio: pretende construir una alternativa electoral sin confrontar abiertamente con la administración libertaria. A lo largo de su intervención, que duró poco más de dieciocho minutos, Macri reconoció que existen diferencias con el oficialismo –“¿Coincidimos en todo con este gobierno? No. Claro que no”– pero aclaró que “nuestra prioridad fue y va a ser el cambio”. En esa línea, advirtió que “el PRO jamás va a ser un obstáculo al cambio” y aseguró que “no vamos a hacer oposición, no vamos a boicotear ninguna ley que haga bien al país, no vamos a darle ninguna excusa al populismo para volver”, en una clara referencia al temor de un eventual retorno del kirchnerismo, al que definió como la principal amenaza a contener.
Sin embargo, bajo esa aparente unidad, el encuentro dejó al desnudo las tensiones internas que atraviesan al PRO. Por un lado, un sector comandado por María Eugenia Vidal y respaldado por los delegados designados por Macri –Soledad Martínez y Fernando de Andreis– impulsa la necesidad de independizarse de La Libertad Avanza y presentar candidatos propios en 2027. “Para estar muertos somos un montón”, ironizó la ex gobernadora bonaerense en su discurso, en una frase que buscó desestimar los pronósticos que auguran la extinción del partido. Por el otro, el ala mayoritaria, liderada en el Congreso por Cristian Ritondo y que incluye a los gobernadores y a buena parte de los dirigentes con poder territorial, apuesta por sostener la alianza con el oficialismo. “No somos oficialistas, pero creemos en el cambio. Cuando hay ideas buenas las vamos a acompañar”, planteó Ritondo, quien luego elevó la apuesta al afirmar que “si hoy hay una estabilidad económica es gracias al PRO” y que “sin nosotros no hay cambio en la Argentina”, en un intento por reivindicar el protagonismo del espacio en las conquistas legislativas del gobierno de Milei. La diferencia de énfasis fue notoria: mientras Vidal reclamaba candidatos propios y era aplaudida por un sector reducido, Ritondo cosechó una ovación que, según confiaron a este medio dirigentes presentes, equiparó e incluso superó en intensidad a la que recibió el propio Macri.
La ausencia de definiciones electorales concretas atravesó toda la jornada. Macri evitó anunciar si el PRO tendrá candidato presidencial propio, si competirá en una alianza con La Libertad Avanza o si él mismo encabezará una fórmula. En su discurso, se limitó a describir el momento actual como una etapa de “estabilización” necesaria pero insuficiente: “Hay una diferencia enorme entre estabilizar y construir, entre parar la caída y empezar a subir, entre el primer paso y el próximo paso”, ejemplificó, en una metáfora que algunos interpretaron como una crítica velada al gobierno por no haber profundizado las reformas más allá del ajuste inicial. En privado, según relevaron fuentes al tanto de sus movimientos, el ex presidente observa con atención la caída de Milei en las encuestas y la oleada de escándalos que afectan al oficialismo –el viaje de Manuel Adorni, el caso $LIBRAgate, las internas entre Karina Milei y Santiago Caputo– y prepara el terreno por si el gobierno “termina mal”. Su estrategia, según describen en su entorno, replica la lógica que durante años aplicó Elisa Carrió en Juntos por el Cambio: pegar para negociar. La intención es mantener al PRO movilizado y con capacidad de amenaza para forzar a los hermanos Milei a concederle espacios en las listas de cara a 2027, especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, donde Jorge Macri aspira a competir en una PASO con el oficialismo.
Esta ambigüedad estratégica se condensa en una paradoja que define el presente del PRO: mientras no tiene definido un candidato presidencial, empieza a perfilar un vice. En las últimas semanas, la idea de un outsider competitivo –los nombres que circularon fueron Marcos Galperín y Jorge Brito– se desinfló tras la negativa de ambos, dejando al descubierto el vacío de liderazgo que atraviesa el espacio. En ese contexto, comenzó a tomar forma la posibilidad de que Juan Schiaretti, el ex gobernador de Córdoba, integre una eventual fórmula encabezada por Macri. La sociedad, que no se concretó en 2019 cuando el ex presidente prefirió a Miguel Ángel Pichetto, hoy adquiere otra lógica: Schiaretti aporta volumen territorial, una identidad moderada y funciona como puente entre distintos sectores del electorado en un distrito clave como Córdoba, donde Macri mantiene una de sus mejores mediciones. Las conversaciones ya existen y operadores de ambos espacios vienen trabajando en un esquema de complementariedad que, más que ideológico, es pragmático.
🔴 MAURICIO MACRI RELANZÓ EL PRO EN PARQUE NORTE
— A24.com (@A24COM) March 20, 2026
Evitó plantarse como oposición a Javier Milei pero dijo "somos el próximo paso".#A24 pic.twitter.com/GgueuLiLXR
El acto también dejó en evidencia las fracturas con uno de los socios fundadores del PRO, Horacio Rodríguez Larreta, cuya ausencia en Parque Norte fue notoria y cuyo eventual armado electoral genera inquietud en la dirigencia amarilla. Las insinuaciones del ex jefe de Gobierno porteño sobre una posible contienda junto al peronismo, sumadas a los rumores de una interna con Leandro Santoro y Martín Lousteau, provocaron rechazo entre los asistentes. “A Horacio se lo ve totalmente desconectado de lo que pasa en el promedio de la sociedad”, cuestionó el legislador porteño Waldo Wolff en diálogo con El Economista. Un estratega partidario fue más allá al señalar que su discurso “resulta monótono y ya no tiene eco en la piel de la sociedad porteña”. El analista Julio Burdman trazó un escenario fragmentado en tres grandes bloques para la Ciudad, con La Libertad Avanza dominando en las preferencias y una amenaza transversal que representa la irrupción de Rodríguez Larreta, cuyo accionar podría terminar perjudicando las aspiraciones tanto del PRO como del peronismo, en un eventual balotaje entre libertarios y kirchnerismo. En ese contexto, dirigentes del PRO anticipan que la única jugada racional será una alianza sólida entre Jorge Macri y el oficialismo para evitar una derrota frente al peronismo. “Ojalá el candidato sea Adorni porque a él le podemos ganar. A Patricia no”, reconoció un dirigente del PRO, en referencia a la posibilidad de que Patricia Bullrich sea la candidata de La Libertad Avanza en el distrito, mientras que desde el partido amarillo confían en que la demostración de fuerza del jueves les permita sentarse a negociar con Karina Milei en condiciones más favorables que en 2025, cuando la hermana del Presidente les ofreció “migajas” en las listas porteñas tras haberlos derrotado electoralmente. El partido que convirtió la eficiencia de la gestión pública en su marca registrada enfrenta hoy la disputa más compleja por su supervivencia política independiente, en un escenario donde deberá resolver si logra cantarle canciones que interpelen a esta época o termina siendo diezmado por las fuerzas que él mismo contribuyó a desatar.