La interna que divide aguas en el oficialismo nacional volvió a escenificarse con crudeza en los últimos días, esta vez con el frustrado desembarco de Diego Valenzuela en la estructura del Gobierno nacional. El intendente de Tres de Febrero en uso de licencia, que había sido anunciado como virtual titular de la proyectada Agencia de Seguridad Migratoria, no asumirá ese cargo y retornará a su banca en el Senado bonaerense, para la cual había sido electo en septiembre pasado y de la que se había tomado licencia en diciembre a la espera de su designación. La decisión, que lleva la firma indeleble de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, constituye un nuevo golpe asestado contra el sector que responde a Patricia Bullrich, actual jefa del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara Alta, y expone las profundas fisuras que recorren el oficialismo a poco más de un año de las elecciones de medio término.
Según pudo reconstruirse de diversas fuentes, la resistencia a la llegada de Valenzuela al Ejecutivo no fue un movimiento espontáneo sino el resultado de un deliberado operativo orquestado desde el núcleo más íntimo del poder libertario. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, quien reporta directamente a Karina Milei y mantiene una relación más que gélida con su antecesora, fue la primera en expresar reparos a la incorporación del exintendente. Monteoliva, que ha logrado consolidar un perfil propio alineado con la hermana del Presidente, habría cuestionado el perfil político de Valenzuela y sus “pretensiones de crecer”, prefiriendo mantener un perfil más técnico y de bajo voltaje partidario al frente de un área sensible como la migratoria. Desde la cartera de Seguridad argumentaron, para justificar la marcha atrás, que la política migratoria ya está en marcha sin necesidad de una nueva agencia y que se busca una estructura más reducida, una versión que contrasta con el anuncio que la propia Bullrich había hecho en noviembre, cuando presentó la iniciativa como un organismo descentralizado con cuerpo policial propio.
Sin embargo, las explicaciones administrativas apenas alcanzan a disimular la verdadera naturaleza del conflicto. La decisión de Karina Milei de bajarle el pulgar a Valenzuela se inscribe en una estrategia más amplia destinada a limitar el crecimiento y la autonomía de Patricia Bullrich, cuya estrella se ha visto notablemente ascendente tras los éxitos legislativos cosechados durante las sesiones extraordinarias . La exministra de Seguridad logró posicionarse como la gran artífice de la aprobación de la reforma laboral, el Régimen Penal Juvenil y otras leyes clave, un protagonismo que plasmó en un video con estética Vogue que provocó la furia de la hermana presidencial, quien interpretó la pieza como una apropiación indebida de un triunfo que debía ser colectivo y, sobre todo, liderado desde la Casa Rosada . Fuentes del oficialismo confirmaron a diversos medios que Karina Milei considera que Bullrich “tomó más protagonismo del que debería” y que su actitud “resbaladiza” encendió todas las alarmas en Balcarce 50, donde ya no ocultan su preferencia por Manuel Adorni como candidato en la Ciudad de Buenos Aires para 2027 y su profunda desconfianza hacia las ambiciones electorales de la exministra.
En este tablero de disputas, la figura de Diego Valenzuela quedó atrapada como un peón en una partida mayor. Su cercanía personal con Javier Milei, con quien compartió aulas en la Universidad de Belgrano, y su temprano alineamiento con Bullrich al dar el salto del PRO a La Libertad Avanza lo convirtieron en un blanco perfecto para el escarmiento. La reacción del ahora senador bonaerense no se hizo esperar y, según reveló el sitio La Política Online, en una reunión con sus colaboradores más cercanos estalló contra la hermana del Presidente, a quien acusó de no tener palabra y lanzó una frase que resume el sentir de varios de los que alguna vez creyeron tener un lugar en el proyecto libertario: “Karina lo tiene secuestrado a Milei”. La expresión, que replica casi textualmente la utilizada tiempo atrás por la vicepresidenta Victoria Villarruel, evidencia la existencia de un patrón de conducta en el manejo de los recursos humanos del oficialismo, donde la lealtad a la figura de la secretaria general se ha vuelto un requisito excluyente por encima de los vínculos personales con el primer mandatario. “Te podés disfrazar de violeta, ser amigo de Milei, pelearte con tus antiguos aliados, pero llega un momento en el que algo pasa. Es como si en un club siempre pagás la cuota pero nunca te dejan ser socio pleno”, graficó un socio fundador del espacio en declaraciones reproducidas por MDZ.
Mientras Valenzuela se apresta a ocupar su banca en la Legislatura bonaerense con la promesa de impulsar la agenda libertaria en la provincia y, según sus propias palabras, “armar contra Pareja”, el armador de Karina Milei en el territorio bonaerense, la interna en el Senado nacional no da tregua. La jefa del bloque oficialista intentó esta semana forzar una sesión para tratar, entre otros puntos, el pliego del juez Carlos Mahiques, una movida que fue interpretada como un intento de congraciarse con el nuevo ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, y de capitalizar otro triunfo político. Sin embargo, el operativo encontró el boicot explícito de senadores propios y aliados, que desoyeron el llamado y dejaron a Bullrich en una posición más que incómoda, evidenciando que su capacidad de convocatoria dista de ser la que ella supone . “La única certeza es que no va a ser candidata a vicepresidenta ni candidata a jefa de gobierno”, sentenció una fuente oficialista consultada por el portal Index, en lo que constituye una profecía autocumplida destinada a minar cualquier expectativa electoral de la exministra.
La decisión sobre Valenzuela, por lo tanto, no debe leerse como un hecho aislado sino como un eslabón más en la cadena de hostigamientos que Karina Milei y su círculo de hierro, que incluye a los primos Menem y a figuras como la neuquina Nadia Márquez, vienen desplegando para disciplinar a quienes osan tener luz propia. Desde el llano, algunos dirigentes del PRO que dieron el salto al oficialismo observan con atención el desenlace de esta pulseada, recordando el destino de otros que, como Diana Mondino o el propio Carlos Kikuchi, también creyeron haber encontrado un lugar en el sol libertario hasta que la sombra de la hermana presidencial los terminó eclipsando. La promesa de “casta”, el término con el que el presidente Milei suele vapulear a la dirigencia tradicional, parece adquirir, en estos movimientos intestinos, una dimensión doméstica incómoda para un gobierno que basa gran parte de su capital político en la idea de una renovación ética y de gestión.